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lunes, 17 de diciembre de 2018

Reseñas de domingo

¡Hola, amiguitos! Desde junio de este año he estado publicando en Facebook pequeñas reseñas cinematográficas de películas de terror poco conocidas de las décadas de los 70, 80 y 90 (aunque también he escrito sobre películas más actuales). Las he publicado religiosamente cada domingo, bajo el hashtag #ReseñasDeDomingo. Esta entrada no es más que una recopilación de esas críticas escritas en un párrafo o dos. No hay orden determinado, excepto el cronológico correspondiente a la publicación de cada crítica (de la más antigua a la más reciente). Aunque no han despertado mucho interés en la red social (apenas han cosechado unos pocos "Me gusta"), ha sido divertido escribirlas, sobre todo por el hecho de ser sobre películas "extrañas", olvidadas, enterradas durante décadas y que muy poca gente conoce. Siempre dentro del género de horror o suspenso, el repertorio es muy variado: hay explotación setentista, giallo italiano, serie B en su versión más cutre, reliquias ochenteras de la Troma, delirios noventeros... un menú tan variopinto como sabroso. Recomiendo especialmente echarle un vistazo a estas reliquias. De una forma u otra, realmente valen la pena.

HALLOWEEN III (1983) - Ayer volví a verla después de mucho, mucho tiempo. Cuando la vi por primera vez no me gustó nada, porque como a la mayoría de la gente, me molestó que no tuviera nada que ver con las andanzas de Michael Myers. No entendía cómo podían haberla titulado Halloween III, si es una historia absolutamente distinta. Pero con todo el revuelo que se está generando con la nueva secuela que se estrena este año, me acordé de esta extraña tercera parte y decidí darle otra oportunidad. Casi no recordaba nada (la vi por primera vez hace más de quince años), excepto que tenía que ver con máscaras de Halloween y un comercial con una canción tan pegadiza como molesta. Cuando terminé de verla, me di cuenta que no se merecía el destrato que tuvo en su momento. Hay que tomarla como una película absolutamente aislada de la saga, una historia distinta de terror fantástico. Y como tal, lo cierto es que funciona razonablemente bien. No estoy diciendo que sea una obra maestra, ni muchísimo menos, pero me parece que está mucho mejor lograda que varias secuelas de Michael Myers (sobre todo 4, 5 y 6). El problema de la confusión de los fanáticos que esperaban ver la tercera entrega de las aventuras del psicópata enmascarado y se terminaron encontraron con esta rareza, en la que Michael no aparece por ningún lado (excepto en un par de cameos de la primera en un televisor), es que originalmente la saga Halloween iba a ser una serie de películas independientes, todas ambientadas en esa fecha tan particular. La historia de Michael, el doctor Loomis y Laurie Strode iba a terminar en la primera entrega, pero debido al éxito que obtuvo, se decidió estirar la historia en varias secuelas, a la vez que se continuaba con el proyecto original de una película distinta cada vez. Por eso, esta Halloween toma el título de la primera y plantea un argumento y personajes totalmente distintos. El equipo involucrado en la realización es el mismo, pero esta vez guion y dirección corren por cuenta de Tommy Lee Wallace (quien en 1990 dirigiera el mítico telefilm de IT) y la producción de John Carpentener (que también hizo la música) y Debra Hill. La película cuenta una historia interesante (con tropezones, eso sí), tiene efectos especiales muy bien logrados (para la época, por supuesto) y es entretenida, siempre y cuando uno logre abstraerse y sumergirse en la historia sin esperar a cada segundo que Michael Myers aparezca blandiendo su cuchillo. En resumen: es un film recomendable que mereció mejor suerte y mejor trato y que vale la pena rescatar del olvido.


THE STUFF (1985) - Desopilante mezcla de The Blob y La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos. Escrita y dirigida por el maestro del terror cutre Larry Cohen (It's alive!, 1974), ofrece un divertimento ochentero sin demasiadas pretensiones, aunque con una evidente crítica al consumismo y, en menor medida, el estilo de vida americano. La película funciona si uno no se la toma demasiado en serio (ni siquiera los actores parecen hacerlo) y pasa por alto sus múltiples saltos y agujeros argumentales. Un guion y una puesta en escena más pulidos hubieran dado mejores resultados. Se deja ver.


RETURN OF THE ALIENS: THE DEADLY SPAWN (1983) - Competente y bastante entretenida cinta de invasión alienígena. La premisa fue vista una y mil veces antes (extraterrestre llega a la tierra en un meteorito y comienza a devorar todo lo que se cruce a su paso), y es tan sencilla como efectiva. La puesta en escena, el monstruo lleno de dientes y unos efectos especiales y de maquillaje en general muy convincentes, la salvan del tedio. Por supuesto, no falta alguna que otra gota de humor negro. Recomendable.


DARK NIGHT OF THE SCARECROW (1981) - Pequeño y olvidado telefilm de venganza rural al que vale la pena echarle un vistazo. De hervor lento y muertes "descafeinadas", se apoya más que nada en el suspenso. Guarda cierta moraleja sobre el odio al diferente o al "raro". Dirigida por Frank De Felitta, autor del afamado libro de posesión demoníaca El Ente (del cual también hay una película). Interesante.


CHILLER (1985) - El maestro Wes Craven, luego de su magnífica Pesadilla en la Calle Elm, nos trajo, en 1985, este curioso telefilm sobre el regreso a la vida después de la muerte, o mejor dicho, el regreso a la vida después de una larga hibernación criogénica y del sutil y a la vez brutal cambio en la personalidad del paciente. No es exactamente aterradora, lejos están los despliegues de violencia extrema y litros de sangre a los que Craven nos tenía acostumbrados, pero es un telefilm bastante sólido de suspenso sobrenatural que se salva más que nada por las actuaciones y un guion contundente, sin demasiados agujeros; aunque, eso sí, hay momentos en los que pone a prueba la paciencia del espectador. Interesante.


DEMONIC TOYS (1992) - La factoría Full Moon Entertainment (con el mítico Charles Band a la cabeza) pareció imitarse a sí misma con Deminic Toys, película poco conocida sobre muñecos diabólicos, que se antoja como una copia de segunda mano de la maravillosa El Amo de las Marionetas. En este caso los muñecos son poseídos por una entidad maligna que quiere apoderarse del bebé aún por nacer de una mujer policía, que queda atrapada junto con otros personajes variopintos dentro de un depósito. Los efectos especiales son relativamente convincentes y algunos de los muñecos logran verse bastante aterradores (convengamos que ponerle dientes afilados a cualquier cosa la vuelve espeluznante de inmediato) pero la película dista mucho de ser una obra maestra, incluso para los estándares de Full Moon. Se ve con cierto interés, pasando por alto actuaciones exageradas y unos cuantos disparates de un guión que se antoja a veces demasiado rebuscado (guión escrito por David S. Goyer, autor de las películas de Blade). Dentro de todo, como mera curiosidad, vale la pena echarle un vistazo.


NIGHT VISITOR (1971) - ¡Vengan todos! ¡Max Von Sydow está corriendo por la calle en calzoncillos! Inteligente y un poco disparatado thriller de venganza, de atmósfera inhóspita y helada y personajes aún mas inhóspitos. La frialdad y la codicia se dan la mano para llevar a los personajes en un retorcido viaje de pesadilla creada por ellos mismos, donde nadie se libera de pagar sus pecados. Gran trabajo del húngaro Laslo Benedek y muy buenas actuaciones tanto de Von Sydow como del resto del reparto. Recomendable.


FREAKSHOW (1995) - Curiosa película noventosa de episodios, que sigue la línea de Creepshow, Cuentos de la Oscuridad, etc. Como ocurre tantas veces con esto tipo de filmes, la calidad de los "cuentos" varía bastante, aunque en este caso existe un extraño crescendo. Los efectos especiales también varían de lo realmente cutre a lo medianamente pasable, y nunca llegan a ser ningún prodigio (esos muñecos son TAN muñecos, jamás llegan a parecer reales), lo cual es de lamentar porque juegan un papel fundamental a lo largo de toda la película. Se nota el presupuesto limitado, pero con todo, el resultado final es bastante digno. Interesante.


CASTLE FREAK (1995) - La dupla Sutart Gordon - Jeffrey Combs, que ya nos deleitara en la magnífica Reanimator, nos trae esta adaptación libre (muy libre) de un cuento de H. P. Lovecraft llamado El Intruso, en el que un ser monstruoso acecha al nuevo heredero de un castillo italiano en decadencia. La atmósfera en general está muy bien conseguida, la espantosa criatura se ve muy real, gracias a unos efectos de maquillaje muy bien logrados, y aunque la película pierde fuelle por momentos, es un pequeño clásico que vale la pena mirar. El final es de antología.


DEAD MINE (2012) - Terror indonesio de vuelo bajo, con poco condimento, apenas lo suficientemente entretenida como para no apagar o cambiar de canal. El guion desaprovecha una historia interesante que podría haber dado para mucho más, y prefiere ir por los caminos más conocidos y seguros. No suma que el final sea totalmente abrupto, porque da la sensación de que sus realizadores se hartaron de la película y decidieron terminarla antes de aburrirse más (o antes de aburrirnos más a nosotros). Lo mejor: los efectos de maquillaje y la ambientación. En definitiva: pasable por los pelos.


PUPPET MASTER II (1990) - Interesante secuela de El Amo de las Marionetas, la franquicia más jugosa y divertida de Full Moon. Aquí volvemos a encontrarnos con nuestros viejos y queridos muñecos vivientes, que ya hicieran las delicias de grandes y chicos en la primera entrega. También contamos con la aparición de nuevas marionetas (en especial el soldado lanza llamas), que harán la historia mucho más interesante. No tiene la tensión y el ritmo de su predecesora y por momentos se siente algo lenta, pero el final compensa con creces las carencias del guion. Huelga decir que los muñecos (en especial sus movimientos) están muy bien logrados y son, por lejos, lo mejor de la película. Ningún fanático de la saga puede perderse esta secuela.


SATAN'S BLADE (1984) - Pobrísima realización ochentera. Presupuesto muy limitado (lo cual, en sí mismo, no es ningún pecado), un guion poco trabajado, dirección amateur, montaje torpe, iluminación deficiente, efectos inexistentes (atención a los disparos y las puñaladas) y pésimas actuaciones componen este soporífero batiburrillo slasher, que pretende mezclar elementos de Halloween y Viernes 13 en una mediocre historia de posesión sobrenatural. Se supone que se realizó en 1984, pero por su calidad parece haber sido rodada diez años antes. Tiene algunos momentos muy puntuales de relativo interés (la escena de la pesadilla es, por lejos, lo más destacable), pero todo se queda en un quiero y no puedo. De todas maneras, el peor pecado que comete es, como dije, ser brutalmente aburrida. Ni siquiera llega a la categoría de Es Tan Mala Que Es Buena. Es simplemente MALA.


SLIME CITY (1988) -  Disparatada producción de serie B que recuerda a las peores-mejores realizaciones del gore italiano, en especial a las de Fulci. Argumento con potencial, pero mal aprovechado, un guion tosco, diálogos chuscos, dirección amateur y unos efectos gore deliciosamente risibles, que, aunque no del todo logrados, sí están hechos con mucho esmero. Bastante disfrutable en líneas generales, si uno le tiene paciencia. De tranco lento, el final es sin duda lo mejor, y hasta recuerda a la orgía sangrienta de Evil Dead. (Spoiler: atención a esas tripas hechas de salchichas).


THE BORROWER (1991)  -  Ciencia ficción y terror con toques de comedia absurda, en la que un alien es condenado por sus crímenes a pasar el resto de su vida en nuestro planeta (no puede haber condena peor). La película va en un crescendo y aunque al principio se muestra discreta, luego se convierte en un divertido festín grotesco de sangre, baba y decapitaciones varias. Efectos bastante logrados, aunque la lastra una dirección un poco descuidada (hay por lo menos tres escenas en las que se ve el "boom mic" colgando en la parte superior de la pantalla). Lo mejor: la bella protagonista, Rae Dawn Chong (conocida por ser la chica que ayuda a John Matrix en Commando). Entretenida.


UNDERWORLD (1985) - Ignoto film que mezcla elementos noir con terror dramático y ciencia ficción (me atrevería a decir que hay algunas gotas de Philip K. Dick). El mítico Clive Barker nos trajo, en 1985, y bajo la dirección de George Pavlou, esta historia de freaks monstruosos subterráneos rechazados por la sociedad, que parece una suerte de ensayo de su magnífica Nightbreed (1990). Lamentablemente esta producción se queda a medio camino de todo: efectos de maquillaje que sorprenden por lo poco logrados (la falta de presupuesto es evidente), un guion que no saca el suficiente jugo a las escenas y una extravagante y amanerada dirección de videoclip. De todas maneras logra ser una curiosidad medianamente interesante, que realmente daba para mucho más. Aprueba con lo justo.


ATOMIC DOG (1998) - Curioso telefilm de perro mutante radiactivo que hará las delicias de grandes y chicos. Al ser una película para la televisión, el nivel de sangre, violencia y acción está bastante rebajado, con lo que el guion de Miguel Tejada-Flores queda un tanto desaprovechado, pero aún así la dirección de Brian Trenchard-Smith le da cierto toque de interés, gracias sobre todo, a la cámara subjetiva desde el punto de vista del perro. Cabe señalar que los animales están muy bien amaestrados y hacen sus trucos con gran soltura. Lástima que no puede decirse lo mismo de algunos de los actores humanos. Pasable.


SOMETIMES THEY COME BACK... FOR MORE (1998) - Discretísima tercera entrega de la saga "A veces vuelven", que no tiene absolutamente nada que ver con la original basada en el cuento de Stephen King. Modesta en todos los sentidos y con un guion algo confuso puede poner a prueba la paciencia del espectador. Por no mencionar que todo el tiempo parece un mal remedo de la magnífica The Thing, de John Carpenter. Final anticlimático, suspenso no muy bien llevado y ningún personaje agradable o interesante, son las principales características de este pobre film. Dentro de todo, no es un absoluto desastre. Las hay peores. Simplemente mediocre.


SETTE NOTE IN NERO (1977) - Giallo en estado puro. De lo mejor que ha dirigido Fulci. Película tan enredada como atrapante, un cuento macabro con tintes sobrenaturales para ver prestando mucha atención y no perderse detalle. Por supuesto hay cosas sujetas con palillos y escenas que no vienen a cuento de nada, pero no es nada fuera de lo habitual en este género. Por lo menos la coherencia interna se mantiene bastante bien durante todo el metraje, que se disfruta de principio a fin. Recomendable


ZEDER (1983) - Continuando con el giallo de tintes sobrenaturales, esta interesante pieza del director Pupi Avati sobre un culto secreto que intenta revivir a los muertos, mantiene al espectador enganchado sin demasiadas dificultades. El misterio se profundiza más allá de la razón conforme avanza la cinta y la intriga se mantiene a buen ritmo. Por supuesto no es un film perfecto (lejos está de eso) pero en general es un trabajo muy competente y con un final impactante. Entretenida.


THE DEAD PIT (1989) - El reputado director Brett Leonard (Virtuosity, Hideaway), debutó en 1989 con este curioso film que parece una mezcla de La Noche de los Muertos Vivos, Reanimator y Pesadilla en Elm Street ambientado en un manicomio. Experimentos aberrantes con pacientes, zombis, un científico loco endemoniado y una protagonista amnésica son los principales ingredientes que componen este tour de force ochentero con aire a serie B. Se disfruta en líneas generales, aunque la resolución del conflicto (SPOILER ALERT: ¿el agua bendita sirve para matar zombis?) y el final no son de lo mejor. Con todo, entretiene sin pedir mucho a cambio.


THE FIRST POWER (1990) - Correcto (en líneas generales) thriller policial demoníaco donde un jovencísimo Lou Diamond Phillips, con la ayuda de una vidente (Tracy Griffith), debe dar caza a un brutal asesino en serie que volvió de la muerte gracias a un pacto con el Diablo. Lejos de ser un festival gore explícito, la película prefiere inclinarse por las alucinaciones, los poderes sobrenaturales y el misterio con una discreta puesta en escena. No faltan, por supuesto, los toques absurdos y alguna que otra gota de humor negro. En definitiva, no es nada del otro mundo y El Exorcista no tiene nada que envidiarle, pero es una película entretenida que se ve sin problemas. Pasable.


STOP OVER IN HELL (2016) - El español Víctor Matellano nos trae esta especie de versión western de La Última Casa a la Izquierda, que no es más que un festival de violencia sádica y gratuita sin demasiado sentido ni interés. La historia podría haber dado para mucho más, pero el guion prefiere concentrarse en los despliegues de violencia y las imágenes truculentas en lugar de desarrollar un poco más a los personajes y darles algo interesante que hacer aparte de ser carne de cañón de la brutal pandilla de maleantes. Para colmo, el director abusa de la cámara lenta en un torpe intento de subrayar lo evidente y, tal vez, para estirar un poco más el escaso metraje. Lo mejor: los bellos paisajes y la música de Nat Simons. Pasable pero por muy, muy poco.


LITTLE DEVILS: THE BIRTH (1993) - Tontería de tomo y lomo sin pies ni cabeza que es como una versión siniestra y con pocas neuronas (y poco presupuesto) de Gremlins. Las cosas suceden sin que se explique demasiado por qué. Ideal para ver con el cerebro en OFF. La comedia no llega a ser graciosa, es simplemente absurda y lo cierto es que mucho miedo no da. Eso sí, los monstruitos demoníacos están bastante bien logrados (dentro de lo que cabe). Se deja ver si uno va con las expectativas muy, muy bajas.


MOUNTAINTOP MOTEL MASSACRE (1983) - Extraña producción ochentera en la que una anciana, sin demasiada razón, comienza a masacrar a los huéspedes del motel de montaña que regentea armada con una hoz. La película es una colección de personajes estrafalarios pero ninguno de ellos logra despertar demasiado interés, por no mencionar que el guion es demasiado elemental y desaprovecha una idea que, tal vez dotada de un poco de humor negro, hubiera dado para más. Por si fuera poco, las muertes no son nada del otro mundo y ponen en evidencia el bajo presupuesto. De hervor lento, al comienzo no termina de enganchar y al final deja una sensación de indiferencia. Conclusión: apenas araña el aceptable.


FOREVER EVIL (1987) - Descacharrante ensalada de terror sobrenatural que toma "prestadas" ideas y hasta escenas de muchas otras películas. Empieza como una mala (y muy estúpida) imitación de Evil Dead, para luego agregar algunas gotas de Night of the Living Dead y desembocar en una historia de misterio cuasi detectivesca con reminiscencias lovecraftianas, que se va volviendo cada vez más ridícula conforme avanza la cinta. Zombis, demonios, brujos, deidades cósmicas malignas, todo en la misma licuadora, que nos sirve este extraño y casi indigerible cóctel. No es una película buena ni muchísimo menos, pero resulta interesante como mera curiosidad. ¿Pasable? Apenas.


BLACK CHRISTMAS (2006) - Mediocre remake del clásico navideño de Bob Clark de 1974, cuyo aporte al género es prácticamente nulo. La película puntea todos y cada uno de los clichcés del cine de terror de la manera más burda y rutinaria, mientras las hermosas protagonistas van cayendo una a una cual fichas de dominó. Hay unas cuantas incongruencias y agujeros de guion, por no mencionar situaciones inverosímiles y sin el menor sentido, diálogos desesperantemente tontos y actuaciones que van de malas a malísimas. El nivel de gore y sangre es bastante más elevado que en la original, que prefería jugar con el suspenso y la sutileza en lugar de conformarse con mostrar ojos arrancados. Sin embargo, no puedo decir que resulte aburrida, aunque sí un poco cargante. Entretiene lo justo si uno la ve con las expectativas bajas. Mi consejo: quédense con la original y desechen este burdo refrito.


THE BONEYARD (1991) -  Interesante, aunque no del todo brillante, thriller sobrenatural de zombis en clave policial. Entretenida en su conjunto, al principio resulta un poco morosa, pero el tercer acto recompensa con creces la paciencia del espectador. El guion flaquea un poco a la hora de explicar las razones de todo lo que ocurre, pero no es un gran problema; después de todo, no es una película que exija una gran historia. Eso sí: es un interminable desfile de personajes extravagantes, todos ellos muy divertidos a su manera (especial atención merece la cínica administradora de la morgue). Los efectos especiales están muy bien logrados, sobre todo los aterradores títeres gigantes (atención al french poodle gigante) y no faltan algunas gotas de humor negro que lo hacen todo mucho más ameno. Entretenida.


BONUS TRACK:

THE HAUNTING OF MORELLA (1990) - Adaptación libre de "Morella", famoso cuento corto de Edgar Allan Poe sobre una malvada bruja que vuelve de la muerte. La película está producida por el mítico Roger Corman y eso se nota en cada detalle: puesta en escena, vestuarios, escenografías... Por supuesto no falta la consabida dosis de erotismo lésbico... Lo más logrado de todo, quizá, sea la ambientación y el vestuario de época. Por supuesto el film se toma muchas libertades narrativas, pero es comprensible considerando que se basa en un cuento tan breve (apenas tres páginas). Entretenido relato de horror gótico con el inconfundible sabor de los clásicos.

Muy bien, amiguitos, espero que esta entrada de críticas domingueras haya sido de su agrado. Una vez más, los invito a disfrutar de estos filmes si tienen la oportunidad. ¡Hasta la próxima!

martes, 28 de agosto de 2018

El ataque de los clones: Películas duplicadas

¡Hola, amiguitos! Aquí estamos de nuevo con otra entrada dedicada al maravilloso mundo del cine. En esta ocasión, vamos a hablar de un curioso (y gracioso) fenómeno que se produce de vez en cuando en el mundo del séptimo arte. Me refiero a las "películas clonadas". Esto es: películas que tratan sobre temas similares (a veces idénticos) y que se estrenan casi a la misma vez (el mismo año, a veces el mismo mes). No estoy hablando de películas que se cuelgan del éxito de otras y salen un tiempo después, para tratar de recaudar algunos centavos, ni de imitaciones baratas de grandes producciones, realizadas por productoras de dudosa calidad (nada de mockbusters de Assylum). Hablo de películas "legítimas", que casualmente comparten el mismo género y temáticas idénticas. Aclaro desde ya que esto no es un top, ni un ránking, es simplemente una lista en orden cronológico de unas pocas películas clonadas, muchas de las cuales marcaron mi infancia y adolescencia. Diré cuál me gustó más de las dos y por qué, pero solo es mi humilde e intrascendente opinión. Y por supuesto, es posible que haya spoilers, así que SPOILER ALERT.


TURNER & HOOTCH (1989) / K-9 (1989). A finales de los 80, Tom Hanks estaba en la cresta de la ola, gracias a la larga lista de comedias que protagonizara por aquellos años (Bachelor Party, The Money Pit, The Burbs y un largo etcétera). Por su parte, Jim Belushi, no se quedaba atrás (Red Heat, Curly Sue). Aprovechando el tirón de las buddie movies policiales, que se habían puesto de moda gracias a la llegada de Lethal Weapon (1987) y orientando el humor a un público más bien familiar, aparecieron en 1989 estas dos comedias protagonizadas por actores de renombre... y por perritos, por supuesto. ¿Qué mejor que poner perritos en una película para que a todo el mundo le guste? ¡Si todos aman a los perros! Ambas películas guardan parecidos notables: al principio la relación humano-perro será difícil, conflictiva, pero lentamente se tomarán cariño y terminarán siendo los mejores amigos, luego de afrontar la adversidad. Por supuesto no faltan los momentos lacrimógenos y tiernos y un sinfín de trastadas por parte de los canes que harán las delicias de grandes y chicos.
Mi preferencia: en lo personal me quedo con Turner y Hutch. Es la que más veces vi de niño y la que más disfruté. Me pareció la más "redonda" de las dos y la de Belushi parece una clara imitación de la de Hanks. (No voy a mencionar aquí la impresentable Top Dog de 1995, protagonizada por Chuck Norris, porque es tan mala que no se puede mirar).

DANTE'S PEAK (1996) / VOLCANO (1997). Durante la segunda mitad de los años 90 hubo un resurgir del cine catástrofe. Grandes producciones protagonizadas por actores de renombre donde un fenómeno natural o artificial de grandes proporciones amenazaba con destruir el planeta, gran parte de él, una ciudad o un pueblo. El punto de partida es discutible, pero yo creo que este fenómeno empezó con Jurassick Park, que después de todo, es una película de catástrofes (un grupo de personas debe sobrevivir y escapar de una isla llena de dinosaurios fuera de control). Así, en 1997, se estrenaron dos producciones catastróficas protagoizadas por grandes estrellas pero, especialmente, por volcanes. Dante's Peak contaba con el señor Jambes Bond en persona, Pierce Brosnan y nada menos que Linda Hamilton, la Mamá Terminator. Por su parte, Volcano, contaba con el gran Tommy Lee Jones y la guapa Anne Heche. En Dante's Peak, un volcán entra en erupción repentinamente y  ataca (nunca mejor utilizada la palabra, porque en estas películas parece que el desastre pensara, tuviera conciencia, razón y malevolencia y atacara a la gente a propósito) un pequeño y apacible pueblito que celebra una festividad. En Volcano, por su parte, el suelo de Los Ángeles se abre en dos y la lava empieza a emerger a borbotones, causando graves contratiempos.
Mi preferencia: Las dos películas están bastante bien (dentro de lo que cabe), aunque si tuviera que elegir una, me quedo con Volcano. Me resultó más entretenida, y hasta tiene algún comentario acerca del racismo que se vive Los Ángeles (el brutal ataque de la policía a Rodney King aún estaba muy fresco) ejercido en gran parte por la policía. En Dante's Peak, hay más drama humano puesto al servicio de causar el llanto del respetable. Y además cuenta con un volcán real.

DEEP IMPACT (1998) / ARMAGEDDON (1998). Seguimos en la ola de cine catástrofe noventero y, por supuesto, estas dos JOYAS (así, con mayúsculas) no podían faltar. Los meteoritos se ensañaron con nuestro pequeño y humilde planeta y decidieron atacarnos por vaya uno a saber qué razón. Por un lado, un meteorito descubierto por un jovencísimo Elijah Wood, en un Estados Unidos presidido por Morgan Freeman. Por el otro, un asteroide descontrolado que se dirige de manera inexorable a nuestro planeta y la única manera de deshacerse de él es contratar a una plantilla de trabajadores de una plataforma petrolera, liderados por el gran Bruce Willis, para que viajen hasta el asteroide, lo perforen, le pongan una bomba nuclear y lo hagan volar en pedazos. Impacto Profundo fue dirigida por Mimi Leder (El Pacificador, Cadena de Favores) y Armageddon por el inefable Michael Bay (que no necesita presentación). Ambas películas arrasaron en taquilla y, pese a tratar temas idénticos el enfoque de ambas es absolutamente diferente. Mientras Impacto Profundo aborda el tema desde una arista más dramática y "seria", siendo una película coral con muchos personajes cuyas vidas están por cambiar para siempre, Armageddon es una gamberrada con poco seso, plagada de inverosimilitudes, montones de explosiones, ruido, una dirección estrambótica, bastante humor y por supuesto una buena dosis de romance de instituto y drama pensado para derramar litros y litros de lágrimas. O sea, nada a lo que Michael Bay no nos tenga acostumbrados: una película para ver con el cerebro en off y con un frasco de aspirinas a mano. Impacto Profundo es más discreta, dosificada, guardando los excelentes efectos especiales para el final; por su parte, Armageddon es pura pirotecnia, de principio a fin.
Mi preferencia: En esta ocasión mi elección no es difícil: me quedo con Armageddon. Es una película ridículamente tonta, producto de su época (no podía hacerse en otro momento que no fuera a finales de los noventa) y precisamente eso es lo que le da el encanto que posee. Me atrevería a decir que, junto con La Roca, es de las mejores películas de Michael Bay... Y además, cuenta con la preciosa canción de Aerosmith. Pero, por supuesto, no dejo de recomendar Impacto Profundo.

RED PLANET (2000) / MISSION TO MARS (2000). Saltamos al nuevo milenio y aterrizamos de cabeza en el fantástico mundo de la ciencia ficción con estas dos superproducciones acerca de nuestro vecino rojo en el Sistema Solar. Por un lado tenemos Planeta Rojo, protagonizada por Val Kilmer y Trinity (alias Carrie-Ann Moss), que deben viajar a Marte para averiguar por qué el proceso de terraformación del planeta, que la humanidad ha puesto en marcha para hacerlo habitable, ya que La Tierra se está muriendo, se ha detenido misteriosamente. Por el otro lado tenemos Misión a Marte, dirigida por el mítico Brian De Palma, en el que una misión encabezada por Gary Sinise, Tim Robbins y Don Cheadle viaja al planeta rojo para averiguar qué ocurrió con una misión anterior cuya tripulación ha muerto al encontrar una extraña estructura en la superficie marciana. Tengo que decir que ambas películas son bastante mediocres, aunque lo suficientemente entretenidas como para soportarlas hasta el final. La de De Palma tiene reminiscencias de 2001: Odisea Espacial, de Kubrick, debido a su enfoque más "metafísico" del asunto de la vida extraterrestre. Planeta Rojo, por su parte (realizada por un ignoto director llamado Antony Hoffman del que no se ha sabido más nada desde entonces), se enfoca más en la acción y en la aventura de la supervivencia. Ambas producciones cuentan con muy buenos efectos especiales, pero lo bueno que se puede decir de ellas termina ahí. No son filmes particularmente recordables.
Mi preferencia: Como he dicho, ninguna de las dos merece mucho la pena. Planeta Rojo tiene más agujeros de guión que un colador y es demasiado superficial. Misión a Marte es muy pretenciosa, está llena de sinsentidos (no respeta las leyes más elementales de la física) y acaba siendo una soberana tontería (el final es dantesco), por no decir que parece más un infomercial sobre la NASA que una película. Pero si tuviera que elegir una, me quedo con Planeta Rojo. Por lo menos la escasez de pretensiones la hace más digerible. Y siempre es un placer ver a Carrie-Ann Moss, aunque sea en una película tan poco trascendente como esta.

OLYMPUS HAS FALLEN (2013) / WHITE HOUSE DOWN (2013). El resurgir del cine de terrorismo en su veta más palomitera llegó en 2013 con dos películas sobre ataques a nada menos que la Casa Blanca. En Olympus Has Fallen, un agente del servicio secreto en horas bajas (Leónidas Butler) debe rescatar al presidente de unos malvados terroristas norcoreanos que han tomado la casa presidencial. En Whiste House Down, un policía del Capitolio con aspiraciones a ingresar en el Servicio Secreto (Channing Tatum), debe rescatar al presidente Jamie Foxx (junto a su pequeña hija y un montón de rehenes) de unos terroristas blancos comandados por James Woods. Olympus fue dirigida por Antoine Fuqua (director de la magistral Día de Entrenamiento) y White House por el inefable Roland Emmerich (Día de la Independencia, Godzilla). Huelga decir que la película de Emmerich es MUY Emmerich. Y la de Fuqua, por su parte, tiene más pinta de film de Steven Seagal con un prepuesto un poco más inflado de lo habitual. Las dos tienen mucha acción, tiros y explosiones y en ese sentido no dejarán a los fanáticos de la acción decepcionados.
Mi preferencia: Sin lugar a dudas me quedo con White House Down. Es muchísimo más agradable y entretenida, sobre todo porque no se toma a sí misma demasiado en serio y tiene un gustillo inconfundible de las películas de acción clásicas de los 80 y 90. Mientras la de Fuqua es una americanada patriótica al mejor estilo Red Down (asquerosamente seria y con delirio persecutorio), con un héroe solitario que es capaz de aniquilar él solito a los terroristas más torpes del planeta, en una mala imitación de John McLane (terroristas norcoreanos, por supuesto, porque cuando no son árabes, son de Corea del Norte, así como los narcos son todos latinos o de Europa del Este), la de Emmerich es un divertimento clásico y a la vez refrescante, sobre todo porque los terroristas son blancos de extrema derecha comandados por un fascista desquiciado (James Woods, a quien el papel le viene como anillo al dedo) y porque la película se convierte en una buddy film (agente secreto y presidente deben unir fuerzas y luchar juntos para sobrevivir y derrotar a los malos) muy disfrutable. Hay mucho lugar para el humor, la tontería y el delirio socarrón. La recomiendo con fervor.

Muy bien, amiguitos, hemos llegado al final. Espero que esta entrada haya sido de su agrado y que si no vieron algunas de las películas aquí mencionadas, les echen un vistazo, porque en el fondo, todas ellas valen la pena.
¡Hasta la próxima!

martes, 29 de mayo de 2018

Canal No Tan Asombroso: el derrumbe de Channel Awesome

¡Hola, amiguitos! Aquí estamos de nuevo, esta vez para hablar de un tema de candente actualidad, que ha sacudido los cimientos mismos de la Red de Redes... Bueno, no sé si tanto, pero es un asunto que ha levantado mucha polvareda en los últimos meses dentro del mundillo de la producción audiovisual de Internet. Me refiero al escándalo de Channel Awesome, sitio dedicado a la producción de contenido basado en cultura popular (cine, cómics, videojuegos, animé, etc.), cuyo  principal exponente no es otro que el Crítico de la Nostalgia (Nostalgia Critic). Para aquellos que no lo conozca, el Crítico de la Nostalgia, es un personaje encarnado por Doug Walker, que hace videoreseñas sobre películas nostálgicas en Youtube. Comenzó a emitirse en 2007 (la primera crítica fue un breve video sobre la recientemente estrenada película de Transformers) y se continúa transmitiendo hasta hoy. Channel Awesome es el sitio que engloba al Crítico y muchas otras producciones de Doug Walker y su hermano Rob (Bum Reviews, Ask That Guy With The Glasses, Real Thoughts, etc.), además de las de otros colaboradores, como Cinema Snob, Linkara, Film Brain, Benzaie, etc. En sus orígenes, el sitio se llamaba That Guy With The Glasses, fundado en 2008, nombre que mantuvo hasta 2014, cuando se cambió al que tiene hoy en día. Al comienzo todo el contenido giraba en torno a las creaciones de Doug Walker, en especial, al Crítico de la Nostalgia, pero luego el sitio se expandió al ganar colaboradores y empezó a abarcar otras temáticas, además del cine.

En lo personal empecé a ver los vídeos del Crítico de la Nostalgia recién a finales de 2014. Digamos que lo alcancé tarde, teniendo en cuenta que el Crítico empezó sus reseñas en 2007. Antes de eso, ni siquiera entraba demasiado seguido a Youtube, a no ser para ver videos cortos o las reviews de un pequeño canal llamado Shitcase Cinema, que lamentablemente ya casi no lanza nuevos vídeos. Como sea, el caso es que empecé a ver las críticas de Doug y de inmediato me engancharon. Básicamente porque me hacían gracia (en general) y porque planteaba puntos de vista interesantes sobre distintos aspectos del séptimo arte, del cual soy apasionado: teoría de la comedia, cómo la dirección influye a la hora de transmitir emociones o de contar una historia, etc. Por supuesto, no todas sus críticas me gustan y su estilo puede llegar a ser exasperante algunas veces (esa voz chillona puede volverse particularmente detestable), pero en general disfruto (o disfrutaba) de sus videos.

Lo mejor de todo fue que las reseñas del Crítico me abrieron las puertas de Youtube a todo un universo de youtubers (en el buen sentido de la palabra), que también producían contenido muy interesante sobre cine, cómics, videojuegos, etc: Linkara, Spooney, Phelan Porteous, Allison Pregler, y, por supuesto, Angry Video Game Nerd. Continué viendo las críticas del Crítico (valga la redundancia) de manera más o menos asidua, poniéndome al día con los vídeos más viejos y a la vez, descubriendo a estos otros creadores. De hecho, llegué a ver varias veces una misma crítica y también me enganché con otros contenidos, como las editoriales, los especiales de comerciales, entre otros. Más o menos por esa época (principios de 2015) abrí mi cuenta de Twitter y empecé a seguir a todos estos youtubers, a la vez que miraba sus nuevas producciones ni bien eran publicadas en Youtube. Phelan se convirtió en mi crítico favorito, sobre todo porque hace reseñas de películas de terror chungas. Linkara hace análisis muy interesantes sobre el mundo del cómic y me sorprendió gratamente descubrir que sus opiniones y puntos de vista se parecen bastante a los míos.

El caso es que todo era fantástico y maravilloso, hasta que en marzo de este año, Allison Pregler (Obscurus Lupa), publicó un twit en el que despotricaba contra Doug Walker, como respuesta a un fan que le preguntaba sobre la crítica de IT, recientemente publicada. Lupa escupió algo que parecía llevar atravesado en la garganta desde hacía años (y así fue, de hecho). Y este twit fue como encender la mecha de un cartucho de dinamita guardado en un polvorín: de inmediato hubo una explosión de respuestas de otros youtuberes (PushingUpRoses, Marzgirl, Nostalgia Chick, Linkara, y tantos otros vinculados a Channel Awesome), que empezaron a contar vivencias desagradables que habían tenido trabajando para el canal. El espectro de quejas creció de forma exponencial y empezó a abarcar todo tipo de tópicos: desde destratos durante la filmación de películas aniversario, a casos de acoso sexual. Empezó a utilizarse el hashtag #ChangeTheChannel para referirse al tema. El hilo creció como la planta de Jack y las habichuelas mágicas, y Allison y otros decidieron ordenar toda la información y recopilarla en un documento de Google Docs. En este documento, de más de setenta páginas, se relata con lujo de detalles cada una de las humillaciones, abusos, malos tratos, engaños y mentiras sufridos por miembros de Channel Awesome (al cual me referiré a partir de ahora como CA) por parte de los hermanos Walker y en especial, por parte del CEO de la empresa, Mike Michaud. Este personaje, es particularmente oscuro y todos los productores que han contribuido con el documento, han hecho hincapié en su más que reprobable comportamiento: desde maltratar verbal y físicamente a sus "empleados" (especialmente a las mujeres, con las que parece tener un ensañamiento visceral) a abusar de la "buena voluntad" de los colaboradores y hacer que trabajen sin paga (de hecho, según cuenta Allison, ninguno de ellos era miembro "oficial" de Channel Awesome, ya que nunca tuvieron un contrato que firmar, excepto aquel que exoneraba a la empresa de toda responsabilidad si alguien llegaba a resultar herido durante las filmaciones), pasando por echarlos del sitio de forma totalmente gratuita y arbitraria (experiencia vivida personalmente por Allison Pregler). Desde hace por lo menos tres años que ha habido un éxodo masivo de productores/creadores de CA, que se han alejado porque no pueden soportar las condiciones de trabajo impuestas por los hermanos Walker y Michaud, aunque la situación se había mantenido relativamente silenciosa, hasta que explotó el twit de Allison.

En cuanto al documento publicado, es un anecdotario bastante estremecedor de las vivencias de Allison, Linsday Ellis (Nostalgia Chick), Linkara  y muchísimos otros. Como mencioné antes, y a modo de ejemplo, se relatan las desagradables experiencias vividas durante la filmación de las películas aniversario del canal, en especial en la última, To Boldly Flee (2012). Hasta el momento son tres películas, lanzadas para conmemorar el aniversario del canal: Kickasia (2010), Suburban Knights (2011) y la ya mencionada del 2012. Para ser breve, en ellas, Doug Walker (encarnando a su personaje), Rob, Linkara, Phelan, Allison, Spooney y un gran etc., viven diversas aventuras con historias absurdas cargadas del típico humor ácido del Crítico, en las que se critican/parodian distintos aspectos del séptimo arte y películas famosas reseñadas por el Crítico. En lo personal no he visto ninguna de estas películas. Lo cierto es que no llaman mucho mi atención. Pero sí es llamativo lo que los productores tuvieron que vivir durante las filmaciones. Por ejemplo, que no les proveyeran agua durante las largas horas de rodaje  a menos que  lo pidieran (en el caso de To Boldly Flee, estamos hablando de una película que dura 210 minutos filmada en apenas una semana), que tuvieran que grabar sin descanso durante dieciocho horas seguidas, que no hubieran las mínimas medidas de seguridad ni protección, ni siquiera un botiquín de primeros auxilios, y por sobre todas las cosas, que los creadores no recibieran ningún tipo de remuneración por su trabajo y que la única recompensa fuera "ganar notoriedad" o "exposición". Así es, el pago por todo ese trabajo fue tener exposición, con la que supuestamente los creadores ganarían fama y seguidores (y por lo tanto, más clics en sus videos). Todo esto hay que aderezarlo con el hecho de que los guiones de los Walker fueran sometido a varias reescrituras, sin previo aviso a los actores, que tenían que aprender diálogos nuevos en apenas minutos, soportando las quejas y la poca flexibilidad de Doug. Por otro lado, los que colaboraron con el apartado técnico tampoco fueron recompensados, sino más bien vilipendiados después de dedicar horas de trabajo gratis. Es el caso de Phelan Porteus, quien se hizo cargo de los efectos especiales de To Boldly Flee, efectos que en un primer momento Doug alabó para acto seguido decir que eran una basura o estaban hechos "a medias". Como corolario, muchos de los colaboradores jamás recibieron una copia en DVD de la película, una vez estuvo terminada.

Pero el aspecto más escandaloso y repulsivo, que hace que todo lo mencionado hasta hora parezca superfluo, son los casos de acoso sexual y abuso verbal y físico hacia las mujeres del grupo por parte de dos de los CEOS del sitio: Mike Michaud y Mike Ellis (este último ya no forma parte de la compañía). Según relata Allison en el documento, todas las mujeres de CA se sentían especialmente incómodas cuando tenían que hablar con Ellis y la empresa sabía de casos de acoso sexual por parte de este CEO. Otro tanto ocurría con Mike Michaud que trataba de forma agresiva al personal femenino cuando este tenía la osadía de protestar porque algo no le gustaba (Allison cuenta en un emotivo video que Michaud la sujetó de los brazos y la golpeó contra la pared por un desacuerdo con la publicación de los videos, cuando ella y Doug iban a grabar la reseña de A Talking Cat), o menospreciaba cualquier reclamo o sugerencia cuando provenía de una mujer (reclamos que si eran hechos por hombres eran atendidos de inmediato). También se supo recientemente que Justin Carmical (JewWario), productor que se quitara la vida en 2014, solía acosar sexualmente a sus fans (menores de edad) en convenciones. Al parecer los hermanos Walker no fueron partícipes de estas situaciones, pero estaban al tanto y nunca hicieron nada para evitarlas, pese a que habían prometido tomar medidas. Hablando de los Walker, cabe mencionar el incidente que sufrió Lindsay Ellis durante la filmación de To Boldly Flee. En una escena en la que su personaje debía "transformarse", Lindsay tenía que hacer "sonidos de violación", en una extraña broma sobre abuso sexual que Walker había escrito en su guion. En esta escena también estaba involucrado Linkara (Lewis Lovhaug) y ambos expresaron su preocupación a Doug. Este, en lugar de reescribir la escena, decidió "bajarle el tono", haciendo que los sonidos de abuso sexual fueran hechos más en tono de broma (cómo se pueden hacer ruidos de violación en tono de broma es algo que no logro comprender), con lo cual su gracieta sobre el abuso fue un poco diluida, pero siguió estando allí en la versión final de la película.

Ya he mencionado incidentes durante las filmaciones y situaciones poco profesiones, como la falta de agua para el personal durante el rodaje. Y es precisamente esa falta de profesionalismo otro aspecto que los autores del documento no se cansan de señalar. Convengamos una cosa: CA no es un gran estudio de Hollywood con cientos de millones de dólares de presupuesto. Es un pequeño sitio que parece dirigido y realizado por un grupo de amigos que se divierten haciendo lo que les gusta. (Eso es al menos lo que aparenta o aparentaba hasta ahora). Pero por más pequeña o "amateur" que sea una producción, siempre deben existir las garantías mínimas de que las cosas van a funcionar bien o de que se van a solucionar problemas cuando se presenten y de que las cosas no se van a resolver de manera improvisada. En las filmaciones de CA no solo no había comida y agua, no solo no existían las mínimas medidas de seguridad, (En Suburban Knights, hubo personas lastimadas por realizar "acrobacias" peligrosas y el desmayo de una chica que fue pegada a la pared con cinta aislante y dejada ahí demasiado tiempo), sino que las cabezas creadoras, los hermanos Walker, parecían totalmente improvisados a la hora de filmar. Según relatan en el documento, Doug Walker no tenía mucha idea de qué se debía hacer durante el rodaje de una película, no tenía un plan claro de lo que quería. Sus instrucciones a los actores constaban básicamente en una única regla: "Háganlo a mi modo. Y si no pueden hacerlo a mi modo, háganlo al suyo y luego al mío y entonces yo decido cuál me gusta más." Muchos de sus colaboradores parecían saber más que él en muchos aspectos (técnicos, artísticos), pero la arrogancia de Doug y su ego exacerbado, impedían que aceptara cualquier sugerencia. En palabras de Nostalgia Chick, "Parecía que Doug y compañía no tenían nada que aprender", que ya lo sabían todo, cuando en realidad estaba lejos de ser así, lo cual luego traía múltiples problemas, como no tener los permisos de locaciones asegurados, o no saber los horarios permitidos para filmar. La experiencia en general, se sentía muy poco profesional, improvisada sobre la marcha y poco gratificante.

Si el apartado artístico y técnico de CA dejaba mucho que desear, otro tanto ocurría con la parte administrativa. Mike Michaud tampoco daba muestras de ser un profesional. Todas sus conversaciones con miembros de CA eran a través de Skype en un chat del grupo. Nada de correos electrónicos. Pero al parecer, estas conversaciones tampoco eran muy fructíferas, ya que Michaud se ausentaba durante largos periodos y no respondía ninguna de las quejas, solicitudes o sugerencias de los colaboradores, al punto de que era denominado "El CEO Silencioso". Con los hermanos Walker ocurría otro tanto, en especial con Rob, que tampoco se mostraba demasiado comunicativo. Allison Pregler asegura que la comunicación era de lo peor, que nada les era notificado nunca, que se enteraban de las cosas luego de que ocurrían, que tenían que ir adivinando lo que iba a ocurrir. Por otro lado, el manejo del sitio web de CA, también dejaba mucho que desear. Era como si nadie se hiciera cargo de él, o a nadie le importara. Como mencioné al principio, el primer sitio, That Guy With The Glasses (TGWTG), era básicamente sobre Doug y sus personajes. Todo giraba en torno a él, al punto de que su cara estaba en el banner. Conforme el sitio fue creciendo, ganando miembros y colaboradores, se le pidió a los encargados que lo cambiaran, que le dieran un aspecto más actualizado y mejor y que se centrara "más en la comunidad y menos en Doug". El cambio tardó años en materializarse, pero por fin nació con el nombre que tiene ahora, Channel Awesome. Sin embargo, todo el sitio estaba diseñado para que Doug (mejor dicho, el Crítico de la Nostalgia) siguiera siendo el centro de atención: en el banner volvía a estar Doug junto con todos sus personajes y todos los demás productores y su contenido quedaban relegados a un segundo plano (por ejemplo, no había una página que dijera quién era cada productor y de qué se trataba su contenido). Ni que decir que las promesas de cambiar y mejorar el sitio jamás fueron cumplidas. La desidia llegó a tal punto que el sitio interno (el que usan los productores para comunicarse entre sí y estar al tanto de las noticias) no fue actualizado en más de diez años. Incluso Blistered Thumbs (uno de los tantos sitios satélite de CA, dedicado exclusivamente a los videojuegos), eliminado sin previo aviso a los productores hace tiempo, todavía aparece en el calendario. Es particularmente llamativo que un sitio de Internet que se dedica a la comunicación (¡nada menos que en Internet!) tenga semejante vacío de comunicación interna y que su plataforma sea tan descuidada.

Otro aspecto escandaloso en la administración de CA, es el manejo financiero. Ya he mencionado que los colaboradores no recibían un centavo por su trabajo (ya fuera actuando, o en apartados técnicos), y que para colmo debían enfrentar la ira de Michaud cuando intentaban sacar réditos de sus propias creaciones, ya que para el CEO, todo lo que se hiciera para CA pertenecía exclusivamente a CA. Pero el caso más llamativo es el de la recaudación de fondos mediante Indiegogo, la popular plataforma de crowdfunding. En 2013, CA lanza una campaña en Indiegogo para recaudar dinero para la realización de tres proyectos: Pop Quiz Hotshot!, un programa de preguntas y respuestas sobre cultura pop, Awesome Comics, programa de reseña de cómics y The Game Gauntlet, programa dedicado a videojuegos. La promoción de los proyectos no tardó en generar respuesta por parte de la comunidad de fanáticos de las producciones CA: se llegó a recaudar la friolera de noventa mil dólares. Pues bien, se habían prometido al rededor de cuarenta episodios de Pop Quiz Hotshot!, de los cuales solo se grabaron doce, que no fueron lanzados al aire hasta un año y medio después, cuando Indiegogo envió un mail a CA advirtiendo que iban a ser investigados si no mostraban algo de lo que habían hecho con el dinero recaudado. Yo he visto algún episodio de ese programa y créanme, pocas veces en mi vida he visto algo hecho tan a desgana, tan poco inspirado y con tan poco interés. De hecho, ninguno de los involucrados en el proyecto quería realizar este programa, que al parecer fue idea de Michaud y fue Michaud quien obligó a Doug y Rob a lanzar el primer episodio cuando llegó el mail de Indiegogo. Es increíble que hayan logrado recaudar noventa mil dólares y el resultado sea un show aburridísimo, casi vergonzoso de ver, con un sentido del humor sonrojante y con escenografías hechas de cartulina que parece pintada por un niño de cinco años. El programa de comics se realizó usando las mismas escenografías de Pop Quiz Hotshot! El otro programa, el de videojuegos, jamás fue realizado.

Podría seguir mencionando hechos y hechos, pero la entrada se haría demasiado larga. El documento es muy extenso y  solo quería mencionar algunas cosas, las más importantes, para ilustrar la situación y dar una idea de lo que ocurrió y está ocurriendo. Va siendo hora de mencionar la reacción de CA ante tantas acusaciones: la respuesta que publicaron en su página web, que podría ser calificada, siendo moderados, de "polémica". Y sin ser moderados, de ridícula, irrisoria y hasta insultante. En la respuesta, básicamente se listan las acusaciones volcadas en el documento y se responde cada una de ellas con un "hecho". O sea, se da por entendido que las acusaciones son mentira y se trata de refutarlas mediante "la verdad". Pero la respuesta de CA no hizo más que avivar el fuego del escándalo. No voy a detallar cada respuesta a cada acusación, pero en la mayoría de ellas básicamente no se niega la acusación en sí, sino que se da una respuesta evasiva, muy general, que elude el hecho puntual. Los "hechos" que pretenden desmoronar las acusaciones no son más que vaguedades. Al igual que muchas otras cosas en CA, es un texto vago, frío, poco comprometido y, oh, novedad, poco profesional. Pero la gota que rebasó el vaso fue una pequeña frase en una de las respuestas que no hizo más que terminar de derrumbar la reputación de CA. Ante tantas acusaciones de maltrato, absusos, acoso sexual, etc., la respuesta del sitio fue: "Lamentamos que te hayas sentido así". Esa frase (hoy por hoy eliminada de la respuesta), resume todo, dice todo lo que hay que saber sobre el manejo de CA para con sus empleados/colaboradores, habla a las claras de lo que significa para ellos el trato humano y lo que les importa. Y no lo digo únicamente por una cuestión de empatía o humanidad, hablo estrictamente desde el punto de vista comercial. Si quieres llevar adelante un negocio en el que se implican numerosas personas, y esas personas son tratas bien, respetadas, contenidas, etc., la gente querrá ir a trabajar contigo. Incluso querrá trabajar para ti. Si el ambiente de trabajo es agradable, más gente estará dispuesta a ceder su tiempo y energía (a cambio de una remuneración acorde, claro está), y animará a otros a querer trabajar en tu empresa. Y a promocionarla. No hay que ser un experto en negocios para saber esto. "Lamentamos que te hayas sentido así", no solo es insultante, no solo es echar sal en las heridas, es un claro ejemplo del pésimo manejo comercial de CA, de no tener idea de cómo atajar y pilotear una crisis causada por ellos mismos. Es la guinda del pastel.

Y a todo esto, con tantas papas ardiendo, ¿qué han dicho las cabezas visibles de la empresa? Hasta ahora, absolutamente nada. Ni Doug ni Rob Walker han hecho ninguna declaración pública sobre este tema. No han publicado ningún video en Youtube, no han publicado ninguna respuesta personal en la página de CA. Han mantenido un absoluto silencio al respecto. De hecho, el Crítico de la Nostalgia sigue haciendo reseñas de películas como si tal cosa y ambos hermanos continúan publicando videos de "first view", "real thoughts", etc. El sitio ha perdido suscriptores a mansalva estos últimos meses, además de colaboradores, pero eso no parece preocuparlos. Es llamativo que la cara de la empresa, el hombre detrás del buque insignia de CA (Crítico de la Nostalgia), haga mutis por el foro, mientras todo se desmorona a su alrededor. Y hablando del Crítico, está claro que Doug Walker ya no siente demasiado interés en él. De hecho, su idea había sido dejarlo allá por 2012 o 2013. La controvertida película To Boldly Flee, de la que hablé largo y tendido, era una suerte de despedida del personaje (y también de los personajes de sus colaboradores, ya que Doug quería que si él renunciaba, todos renunciaran, algo de lo que ellos no estaban al tanto y causó mucho malestar). Doug quería dedicarse a otros proyectos, como el malogrado Demo Reel, que, precisamente por su fracaso, se vio obligado a abandonar, y no tuvo más remedio que regresar al personaje que le dio fama, notoriedad y dinero. Ya he mencionado cómo le fue con los otros proyectos que quiso financiar con Indiegogo, como Pop Quiz Hotshot! Las últimas reseñas del Crítico (Norm from the North, Woody Woodpecker, The Emoji Movie, Jack and Jill), no son demasiado interesantes. Al Crítico se lo ve desganado, cansado, como obligado a hacer las críticas por rutina. Ya casi no hay bromas-sketch, ni un hilo conductor que va llevando la crítica, a no ser el de la propia película. En cierto modo se parecen a las primeras críticas de 2007, 2008, donde básicamente era él sentado frente a una pared blanca hablando a cámara por unos minutos, pero sin la pasión, las ganas y la chispa de antaño. Por no mencionar que ya casi no cuenta con colaboradores para apuntalar sus videos. Tamara Chambers, Malcolm Ray y Jim Jarosz siguen firmes aportando sus dotes artísticas, pero su participación en los videos también se siente desangelada. Otro punto importante es que parecen habérsele acabado las películas "nostálgicas". Los videos del Crítico siempre han sido sobre películas antiguas (de hace quince, veinte, treinta años) o de películas actuales pero basadas en personajes y/o productos "nostálgicos" (El Oso Yogui, La Momia, etc.) Pues bien, de las últimas críticas que salieron este año, casi ninguna tiene que ver con la Nostalgia. Tan solo Woody Woodpecker o Fievel Goes to West, tienen reminiscencias de tal clase. No sé qué otras críticas tiene planeadas para el futuro, pero da la impresión de que el combustible se le está agotando. Yo, en lo personal, creo que el personaje sí está agotado, independientemente de todo este escándalo. La chispa que una vez lo mantuvo en funcionamiento hace por lo menos dos años que se apagó. Sus producciones actuales carecen del interés, ingenio y encanto que alguna vez supieron tener, al menos para mí. Prefiero volver a ver la crítica de Battlefield Earth, lanzada allá por 2010,  por décima vez, que ver la que hizo de The Emoji Movie hace apenas unas semanas. Creo que es hora de que el Crítico por fin cuelgue su boina y su corbata mal anudada y se dedique a otras cosas.

Bueno, amiguitos, por ahora es todo en lo que respecta a este tema. Espero haber echado luz sobre el asunto, si es que había alguien realmente interesado en él que por casualidad se topó con este blog. Para más información, puede consultarse el extenso documento de Google Docs, o la página de Channel Awesome, ambos linkeados previamente en esta entrada. (Por supuesto que allí el contenido está en inglés). También hay cientos de videos en Youtube, donde se habla del tema, tanto en inglés como en español. En lo que a mí respecta, no creo que vuelva a mencionar este tema, no en el blog, al menos. Al fin y al cabo este humilde rincón de Internet no es un sitio de noticias. Decidí escribir esta entrada porque, como seguidor del Crítico y admirador de muchos otros youtubers involucrados, me quedé de piedra cuando me enteré de todo. Y porque no deja de llamarme la atención como las cosas que vemos en pantalla muchas veces son muy distintas a lo que ocurre detrás de cámara. Es algo que ya debería tener asumido, lo sé, pero me sigue sorprendiendo. Desconozco qué ocurrirá con Channel Awesome y con el Crítico de la Nostalgia en el futuro. Como siempre,  solo el tiempo dirá. Mientras tanto, nos queda esperar.

¡Hasta la próxima!

jueves, 1 de marzo de 2018

Top seven: películas familiares de los 90 (que no son Home Alone)

Ah, el cine familiar... esas comedias destinadas básicamente al público infantil que puede disfrutar toda la familia (básicamente porque mantiene a los niños entretenidos y les da un respiro a los padres). Películas cálidas, graciosas, amables, simpáticas, que dejan buen sabor de boca y una sensación de bienestar en el corazón.

Podría escribir una entrada interminable sobre este género (en especial si me dedicara a la década de los 80s), hablando de películas entrañables que marcaron mi infancia y de lo mucho que disfrutaba (y aún disfruto) verlas. Pero un reciente estudio de marketing revela que las entradas largas tienden a aburrir brutalmente a los consumidores de blogs, por lo que he decidido procesar, condensar y regurgitar el texto en forma de un nuevo ranking destinado únicamente a una década en especial: la infame década de los 90, que, no por infame, deja de tener cosas fascinantes. Como indica el título, agregar Home Alone (o su secuela/fotocopia) al ranking hubiese sido demasiado obvio, así que he decidido dejarla fuera y centrarme en películas quizá no tan conocidas o que han caído lentamente en el olvido. (Quién sabe, tal vez en un futuro cercano escriba una entrada dedicada exclusivamente a la película que catapultó a Macaulay Culkin a la fama).

Antes de empezar, una advertencia: Este top puede contener SPOILERS (me gustaría no tener que poner estos avisos, pero me obliga el sindicato). Ahora, sí, sin más preámbulos, comencemos:


7) GEORGE DE LA SELVA (1997). Allá por los 60s, había una serie de dibujos animados muy divertida que parodiaba al mítico Tarzán. Se trataba de George de la Selva, un atolondrado y torpe hombre selvático que se estrellaba contra los árboles cada vez que se lanzaba en liana. Tenía un elefante que se creía perro y convivía con un gorila que era mucho más inteligente que él y una guapa pelirroja llamada Úrsula. En 1997, Diseny lanzaba la versión cinematográfica, protagonizada por Brendan Fraser en el papel de George y Leslie Mann en el de Úrsula. La película es lo suficientemente divertida como para no hacerte bostezar, aunque el nivel de tontería alcanza cotas que pueden resultar desesperantes. No tiene nada o casi nada del sofisticado encanto y la absurdidad del dibujo original. Aún así, es una película entretenida, en especial para los más pequeños, con varias canciones pegadizas y mucho humor slapstick. En lo personal, cuando la vi de niño, me gustó, aunque por momentos extrañé al George original. Eso sí, los adultos la soportarán lo justo.


6) UN GUÍA EN APUROS (1995). Aprovechando el tirón de fama que le dio participar en Home Alone (lo siento, mencioné la película, sabía que no iba a poder evitarlo durante mucho tiempo), como uno de los torpes ladrones, Daniel Stern protagoniza esta simpática comedia en la que encarna a un repartidor de poca monta, que se ve envuelto en un turbio asunto de la mafia. Para escapar de las consecuencias, se hace pasar por guía de un grupo de niños exploradores que se van de campamento a las montañas; mientras los mafiosos y la policía le pisan los talones. Stern está francamente gracioso y la pandilla de niños que lo acompaña no se quedan atrás. Ninguno de ellos llega a resultar insoportable o desagradable. Buenas dosis de slapstick y humor algo grotesco, en una película menor, que en su momento no causó gran revuelo, pero entretenida, con toques de suspenso y pizcas de humor adulto. Los mayores también la disfrutarán. Una advertencia: no es para los más pequeños de la casa.


5) DANIEL EL TRAVIESO (1993). El popular personaje televisivo de los años 50s (que también tuvo su serie animada en los 80s), tuvo su adaptación cinematográfica en los 90, protagonizada por el genial Walter Mathau en el papel de Mr. Wilson y Mason Gamble como el temible niño problema, Dennis Mitchell. La película fue coescrita por John Hughes (¿Se dan cuenta como Home Alone ronda este ranking como un fantasma inquieto?) por lo que el parecido con la película de Chris Columbus es tan inevitable como evidente. De hecho, Mason Gamble parece un Macaulay Culkin de segunda mano, a pesar de que actúa bastante bien. También interviene el gran Christopher Lloyd en el papel (¡vaya, qué sorpresa!) de un mugriento y desalmado ladrón que tiene la mala idea de empezar a robar en el barrio residencial de clase media en el que viven Dennis y Mr. Wilson. La película contiene todo lo que podíamos esperar de un guion de Hughes: golpes, caídas, porrazos a troche y moche, sentimentalismo familiar y una sensación de déja vú, de que esto ya lo hemos visto antes (y mejor). Con todo, se disfruta y mucho.


4) BEETHOVEEN (1992). Las películas de animales no podían faltar en este top, clásicos ineludibles del cine familiar. Esta vez el protagonista es un simpático San Bernardo, que logra escapar por los pelos de una banda de desalmados ladrones que asaltan la tienda de mascotas en la que vivía y va a parar al hermoso hogar de una familia con niños pequeños, que rápidamente se encariña con él y lo bautiza con el nombre del gran compositor alemán, ya que el San Bernardo "canta" cuando uno de los niños toca la novena sinfonía en el piano. Simpática, agradable, tierna e inofensiva película que originó una serie interminable de secuelas de mucho menor calidad.







3) CASPER (1995). En los 90s, muchas películas se basaron en series animadas de los 50s o 650s. Casper no es la excepción. Protagonizada por Christina Ricci y Bill Pullman (hija y padre, respectivamente), además de Devon Sawa en la voz de Casper. Pullman es un investigador de lo paranormal que se muda a una vieja y destartalada mansión junto a su hija adolescente, con el objeto de exorcizarla de los fantasmas que la habitan: Látigo, Tufo y Gordi, tres malvados espectros que se encargan de aterrorizar a todo aquel que se atreva a entrar a su morada. Pero la casa también está habitada por Casper, sobrino de los tres malévolos fantasmas, un niño-fantasma solitario y triste que pronto entabla una gran amistad con Ricci. La película cuenta con muy buenos efectos especiales (los caricaturescos fantasmas están muy bien logrados) y un toque tétrico y oscuro que recuerda un poco a Tim Burton, además de unas cuantas gotas de humor negro. Atención especial merecen la villana (una maléfica Cathy Moriarty) y su sumiso esbirro, Eric Idle. Muy entretenida.


2) MOUSEHUNT (1998). Cerdos, perros, monos, delfines, ballenas... los 90 estuvieron plagados de películas familiares sobre animales. Y los ratones también tuvieron su lugar. Concretamente, un ratón. Uno muy difícil de cazar. Esta alocada y caricaturesca comedia nos cuenta la historia de los dos hermanos Smuntz, que, luego de la muerte de su padre (dueño de una fábrica de cuerda al borde de la banca rota), heredan una misteriosa y enorme mansión abandonada cuya existencia desconocían. La mansión resulta ser una pieza de colección invaluable y deciden ponerla en venta para solventar sus problemas económicos. El único problema es que la casa ya tiene un habitante que hará todo lo posible por evitar que los hermanos la vendan: un inofensivo ratoncito gris. La película, dirigida por Gore Verbinsky (que luego dirigiría la versión americana de The Ring y Piratas del Caribe), posee una fotografía fantástica, muy buenos efectos físicos y unas dosis de humor negro inusuales en una película infantil (la primera escena, del entierro del patriarca Smuntz, es de una mala uva magistral), además de la participación especial de un Christpher Walken totalmente pasado de rosca (qué novedad). En resumen: muy divertida, tanto para chicos como para grandes.



1) LA MALDICIÓN DE LAS BRUJAS (1990). Llegamos al final de este top con un "clasicazo". Había considerado otras películas para el puesto número uno, pero me decidí por esta porque creo que se merece más atención de la que recibe en esta época de remakes y universos cinemáticos de superhéroes. Basada en un libro de Roald Dahl, nos cuenta la historia de un niño llamado Luke, al que le fascinan las historias de misterio. Un buen día, Luke acompaña a su abuela en un viaje de vacaciones y ambos se quedan en un prestigioso hotel (dirigido por Mr. Bean en persona, Rowan Atkinson). Lo que Luke ignora es que en ese mismo hotel  se va a celebrar una convención anual de brujas, que, al descubrir la presencia de Luke lo harán vivir una auténtica (y ratonesca) pesadilla. La película destaca especialmente por sus notables efectos especiales y de maquillaje (esas brujas, en la escena en que muestran su verdadero ser, sí que dan miedo, miedo de verdad) y una magnífica Angelica Huston en el papel de la bruja líder. Entretenidísima y muy amena, cumple con creces y le hace justicia a la obra de Dahl.








Bien, amiguitos, hemos llegado al final de este top, que, visto lo visto, da para hacer una segunda parte con más películas, en algún otro momento. Hay mucha tela para cortar en lo que a películas familiares se refiere, de eso no hay duda. ¡Será hasta la próxima!

lunes, 12 de junio de 2017

La piscina

Joaquín Becerra, de once años de edad, salió al patio, sonriéndole al sol. Era una mañana de verano perfecta. Hacía el calor justo (aunque seguramente hacia el mediodía empezaría a apretar), no había una sola nube en el cielo y los pájaros llenaban el aire con la alegría de su canto.
     Contempló el paisaje que se abría delante de él. También era perfecto. El césped recién cortado (su padre lo había podado la tarde anterior) era una alfombra verde, mullida y esponjosa. Las flores que su madre cuidaba con tanto cariño se veían exuberantes, esplendorosas. Los muebles de jardín, la mesa y las sillas blancas, resplandecían con tanta intensidad bajo el sol que parecía que despidieran su propia luz. Joaquín se concentró en lo mejor de todo: la piscina. La razón por la que había salido al patio en primer lugar. Se veía increíblemente seductora. El agua era de un tono verdoso tropical y la superficie aún estaba quieta, a pesar de que toda su familia ya se encontraba allí. Su padre estaba desplegando una reposera, pronto para tumbarse en ella con una revista. Su madre ya había hecho lo propio. Estaba tendida lánguidamente, con los brazos a los costados y aquellos enormes lentes de sol redondos que le cubrían la mitad superior de la cara. A Joaquín siempre le habían parecido ridículos. Parecían ojos de mosca. Por su parte, su hermana mayor, Diana, estaba sentada en el borde de la piscina, con las piernas hundidas en el agua hasta las rodillas. Como siempre, tenía puestos los auriculares de su teléfono celular. Seguramente estaba escuchando esa música horrenda que le gustaban a ella y a sus amigas: esas bandas de niñatos que cantaban a coro canciones pop tan empalagosas y pegajosas como el algodón de azúcar. Estaba muy concentrada mirando la pantalla del aparato, algo también muy habitual. Seguramente estaba escribiéndose con alguna de sus amigas. Por supuesto, todos estaban de traje de baño: su padre tenía puesta su bermuda roja con flores amarillas. Era su favorito. Su madre, el traje entero negro que casi nunca usaba. Su hermana, el bikini rosa caramelo. Y Joaquín su bañador azul oscuro que le quedaba un poco demasiado holgado. Pero era cómodo y, lo más importante, nunca lo había traicionado: jamás se le había salido al lanzarse al agua.
     Caminó hasta la piscina. Su primera idea fue correr y lanzarse como una bomba (hubiera sido genial salpicar a su hermana), pero la calma era tan perfecta que no se atrevió a romperla.
     -¡Hola, Joaquín! –lo saludó su padre enérgicamente, dándole una palmada en la espalda-. Al fin llegas.
     -Estaba en el baño.
     -¿Te pusiste protector, Joaquín? –preguntó su madre de inmediato, mirándolo a través de las enormes gafas.
     -Sí, mamá, por supuesto –dijo Joaquín poniendo los ojos en blanco.
     Todavía sentía la piel de los brazos grasienta por la crema que se acababa de poner. Fue hasta el borde y se sentó, hundiendo las piernas en el agua, como su hermana, que, desde que Joaquín había llegado, no le había prestado la menor atención. El agua estaba fresca, invitadora. El olor a cloro que despedía era demasiado tenue como para resultar molesto. Era momento de entrar.
     Joaquín se deslizó por el borde y se hundió por completo, con los ojos cerrados. El agua se cerró sobre él con un pequeño chapoteo. Se dejó caer hasta que sus pies tocaron el fondo. Entonces abrió los ojos y miró hacia arriba. Podía ver las figuras ondulantes y difusas de sus padres. Miró a la izquierda y allí estaban las piernas de su hermana, moviéndose perezosamente. Joaquín sonrió. Sabía que no iba a poder evitar hacer lo que iba a hacer. Nadó hasta su hermana despacio, con el vientre casi pegado al fondo.
     Diana, que seguía con la mirada clavada en la pantalla de su celular sintió que algo le atenazaba el tobillo y le daba un repentino tirón. Gritó sobresaltada y estuvo a punto de dejar caer su teléfono. Se puso de pie de un salto. Miró el agua. En ese momento, la cabeza de Joaquín emergía a la superficie con el pelo empapado pegado a la frente y una sonrisa de oreja a oreja. Señalaba a su hermana y reía.
     -Cuidado con el tiburón, Diana.
     Diana lo miró con ojos chispeantes de rabia.
     -Idiota –gruñó-. Casi tiro mi teléfono.
     Joaquín rió con más fuerza.
     -Enano estúpido –dijo Diana y dio una patada en el agua para salpicarlo.
     -No te pasó nada –repuso Joaquín.
     -Niños –dijo su madre desde el otro lado de la piscina, todavía con la cara hacia el sol-. Dejen de pelear.
     -Joaquín, deja en paz a tu hermana –agregó su padre, sin dejar de leer su revista de pesca-. Sabes que no le gusta que le hagas eso.
     -Solo era una broma –dijo Joaquín.
     -Nada de bromas –advirtió mamá.
     Joaquín suspiró.
     -Está bien.
     -¿Por qué no te hundes hasta el fondo y te quedas ahí hasta que te ahogues? –le dijo Diana a su hermano.
     Joaquín rió, pero su madre exclamó escandalizada:
     -¡Diana! Eso es horrible. No vuelvas a decir algo así.
     -Pero mamá, él empezó –señaló Diana.
     -Ya lo sé, pero eso no lo justifica.
     -Diana, no más deseos malignos hacia tu hermano –agregó el padre, pasando una página de su revista-. Joaquín, no más bromas pesadas a tu hermana. Fin de la discusión.
     Diana guardó silencio. Le echó una mirada cargada de veneno a Joaquín. Luego echó a andar hacia la casa.
     -¿A dónde vas? –preguntó la madre.
     -A tomar jugo –fue la lacónica respuesta de Diana.
     Entró por la puerta corrediza de la cocina y desapareció de la vista.
     Joaquín pensó que seguramente estaría un buen rato adentro (quizá una media hora) y luego volvería a salir, cuando se hubiera calmado. Lo bueno era que ahora que su hermana no estorbaba, podría hacer un buen lanzamiento.
     Nadó hasta el borde y salió de la piscina.
     Con el cuerpo y el bañador chorreando agua, fue hasta el trampolín que estaba en el extremo. Joaquín era prácticamente el único que lo usaba de toda la familia. Su padre lo había instalado el año anterior, pero nunca había quedado convencido con el trabajo. El tablón era demasiado corto. Además era un trampolín bastante bajo, apenas tenía dos escalones. Pero a Joaquín le había gustado. Le gustaba saltar y lanzarse como una bomba. Los días muy calurosos se lanzaba una y otra vez, hasta quedar agotado. Hoy pensaba hacerlo dos, quizás tres veces.
     Subió la escalerilla y miró fijamente la piscina.
     -Cuidado –dijo el padre, que había advertido los movimientos de su hijo-. Joaquín se va a lanzar.
     La madre suspiró.
     -Hora de moverse –dijo.
     Ambos padres se levantaron y empujaron las reposeras alejándolas del agua.
     Joaquín corrió por el corto tablón y cuando llegó al borde, se impulsó dando un salto. Flexionó las piernas y las rodeó con los brazos, al tiempo que daba un giro en el aire. Por un instante vio su propia figura reflejada en la ondulante superficie del agua. Acto seguido se hundió con un sonoro ¡Splash!
     Se dejó hundir lentamente hasta el fondo. Entonces volvió a mirar hacia arriba y se impulsó con las piernas. Salió del agua con un salto elegante, como un delfín, y se dejó caer hacia atrás, satisfecho. Había sido un salto perfecto. La vuelta en el aire, la salida del agua… una acrobacia digna de un 10.
     -Mamá, papá, ¿lo vieron? –dijo, quitándose el agua de los ojos-. ¡Hice una vuelta en el aire!
     Esperaba a que sus padres lo felicitaran y hasta aplaudieran, pero no sucedió. Ya no estaban en las reposeras.
     -¿Mamá? –preguntó Joaquín en el jardín vacío.
     Tal vez habían entrado… Pero, ¿en qué momento? ¿Cuando Joaquín estaba debajo del agua? Pero no habían sido más de tres segundos. ¿Acaso se habían levantado rápidamente y habían entrado corriendo? Diana tampoco había salido aún.
     Ahora Joaquín estaba solo en la piscina.
     Una nube tapó el sol. Joaquín sintió un leve escalofrío en la espalda. Miró el cielo. Efectivamente, una nube baja estaba pasando.
     Decidió salir de la piscina. El agua chorreó de su cuerpo formando un charco alrededor de sus pies. Fue hasta las reposeras en las que habían estado sus padres hasta hacía apenas un minuto. La revista de pesca de su padre estaba tirada en el suelo, abierta, con las páginas hacia abajo. El sonriente pescador de la portada, que posaba con una caña que tenía un ril enorme, le devolvió la mirada. En la reposera de su madre, colgando del respaldo, estaba la toalla rosada que usaba habitualmente en la piscina, completamente seca.
     Joaquín se dirigió a la casa. Cruzó el jardín, pisando el acolchado césped y luego las baldosas de cerámica de la terraza. Entró en la cocina por la puerta abierta.
     -¿Mamá? –dijo.
     La cocina estaba vacía. El silencio era roto únicamente por el ronroneo del refrigerador.
     Los platos en los que habían desayunado estaban apilados en el fregadero. En el mármol, al lado de la heladera, estaba la jarra de jugo de naranja y un vaso vacío, apenas con un milímetro de líquido en el fondo. Seguramente era el vaso que había usado su hermana. Y como siempre, no había vuelto a guardar la jarra en la heladera. Joaquín lo hizo.
     -¿Mamá? –volvió a preguntar mientras cruzaba el pequeño pasillo que llevaba al living comedor.
     No hubo respuesta. Al igual que la cocina, el salón se hallaba en profundo silencio. Joaquín paseó la vista por el lugar. El televisor y el equipo de audio estaban apagados. Reinaba el desorden superficial típico de cualquier casa de familia (revistas desparramadas, prendas de ropa en los sillones, alguna taza de café de mamá o papá en la mesa), pero no había rastros de actividad reciente.
     -¿Mamá? ¿Papá?
     Joaquín esperó un instante, tratando de percibir cualquier atisbo de actividad: pasos en el piso de arriba, voces, puertas cerrándose, cualquier cosa. Pero no hubo nada.
     Fue hasta el pie de la escalera y miró hacia arriba.
     -¿Diana? ¿Dónde estás?
     Subió.
     En el corredor, todas las puertas estaban abiertas. Joaquín se asomó al cuarto de sus padres. La cama matrimonial estaba sin tender. No había nadie allí. Pasó al cuarto de su hermana. Los niñatos de las bandas de moda lo miraron desde los posters que había colgados en las paredes. Pero Diana no estaba ahí. En la cama estaba la portátil cerrada y apagada. Pero no había rastros del móvil. Diana debía tenerlo, donde quiera que estuviera. Joaquín pensó que seguramente Diana no había pasado por su habitación. Pero entonces, ¿dónde estaba? ¿Dónde estaban todos?
     -¿Mamá, dónde estás?
     Fue hasta su propio cuarto. Todo estaba tal y como lo había dejado cuando se despertó aquella mañana: la cama hecha un desorden, zapatillas y revistas de cómics tiradas por el suelo, los muñecos de colección de Star Wars en la estantería de la pared. Su silueta se reflejó parcialmente en el monitor apagado de la PC de escritorio.
     Abandonó el cuarto y por último entró al baño del piso de arriba, que era el que más usaba la familia, aunque sabía de antemano que el resultado de la búsqueda sería el mismo: nada. Percibió el tenue aroma del champú floral que usaban su madre y su hermana. Los azulejos rosados resplandecían alegremente.
     Joaquín dejó el baño y por primera vez sintió una punzada de preocupación. Si su familia le estaba gastando una broma, ya no resultaba tan graciosa. Por un instante se le ocurrió que esa podía ser la solución al enigma: tal vez Diana se estaba vengando por lo que Joaquín le había hecho en la piscina y había pergeñado con sus padres un pequeño chascarrillo: esconderse en un lugar donde él no pudiera encontrarlos. Seguramente los tres estaban apretujados en algún armario (acaso en el cuarto de los padres), tapándose la boca para contener la risa. Incluso tal vez pensaban abrir las puertas de golpe y darle un buen susto.
     Pero en el fondo, Joaquín no lo creía. Su hermana era capaz, pero dudaba que sus padres se prestaran a una broma tan complicada. Además, había otra cosa que a Joaquín no le cerraba: ¿en qué momento sus padres se habían escondido? Si cuando él se lanzó del trampolín, ellos todavía estaban en las reposeras. Los tres segundos que tardó en salir del agua no le parecían tiempo suficiente como para que sus padres se levantaran y salieran corriendo a toda velocidad. Los hubiera visto, de eso no tenía duda.
     Solo por cerciorarse, Joaquín regresó al cuarto de sus padres y abrió las puertas del armario de golpe. Una parte de él casi esperaba que sus padres y su hermana saltaran del interior gritando “¡Buuu!”, pero, como temía, eso no ocurrió. Dentro del armario no había más que ropa colgada, zapatos, cinturones, carteras, y hasta algunos sombreros. El lado izquierdo era de papá, el derecho de mamá. Los estantes inferiores, destinados a los zapatos, estaban ocupados en su mayor parte por pares pertenecientes a mamá: tacones, botas, zapatillas deportivas, hasta un par de zapatillas de ballet... De un perchero colgaban seis cinturones distintos, como exóticas pieles de serpientes. No había allí nada demasiado interesante. Joaquín cerró el armario y se marchó.
     Volvió al corredor, sintiendo que la punzada de preocupación se agudizaba. Sintió un leve ardor detrás de los ojos. Las lágrimas querían hacer su aparición. Joaquín apretó los ojos y se los tapó con una mano.
     -No seas imbécil –murmuró.
     Era estúpido y cobarde llorar. Además, no había razón alguna para hacerlo. Su familia tenía que estar en algún sitio, eso era obvio. Y no podían estar lejos. Debía haber una buena razón para que no estuvieran en la casa. Cuando los encontrara, les preguntaría cómo habían hecho para desaparecer así, como por arte de magia. La verdad es que había sido muy impresionante.
     Volvió a entrar al cuarto de su hermana, que era el que daba a la calle. Se acercó a la ventana y miró hacia afuera. La calle Carros estaba desierta y tan silenciosa como su propia casa. No veía a sus vecinos caminando por las veredas, jugando con sus perros o andando en bicicleta.
     “Tal vez todos estén en sus piscinas”, pensó Joaquín, aunque desconocía cuántos de sus vecinos tenían una. Miró hacia el fondo de la calle donde se erigía aquel viejo caserón destartalado. Lo lúgubre del lugar desentonaba bastante con la calle soleada y agradable. Era como una mancha de oscuridad. Esa casa estaba abandonada desde hacía décadas, desde mucho antes de que Joaquín naciera. Solía ir allí con sus amigos a explorar, aunque su padre se lo tenía terminantemente prohibido. Una casa abandonada podía ser peligrosa por muchas razones: peligro de derrumbe, presencia de ratas, arañas y otras alimañas... También se decía que aquella casa estaba embrujada, pero Joaquín nunca había visto un fantasma. Sí había visto algún que otro indigente durmiendo en el suelo mugriento. Como fuera, el caso es que sus padres tampoco estaban en la calle, ni en el patio delantero. El coche de papá estaba estacionado en la entrada del garaje, justo donde lo había dejado la tarde anterior al volver del trabajo.
     Joaquín se alejó de la ventana. Bajó la escalera y se detuvo en el centro de salón, girando sobre sí mismo. Las paredes danzaban a su alrededor.
     -Mamá, papá, Diana, ¿dónde están? –dijo en voz muy alta, casi gritando.
     El sonido de su propia voz, desesperada, no le gustó para nada.
     Las lágrimas pujaron por salir otra vez, pero las contuvo.
     Fue hasta la puerta, buscó las llaves que colgaban de la placa de madera de la pared, la abrió y salió.
     Sus pies tocaron las baldosas tibias del porche. Desde allí, paseó la vista por la calle. Seguía tan desierta como cuando la había visto por la ventana del piso superior, pero desde allí, veía las cosas más de cerca. Fue hasta el portón de hierro que daba a la calle y miró por entre los barrotes, como un preso en una celda. No había rastro de actividad. No veía a sus vecinos por ningún lado. Miró la casa de enfrente. Las ventanas estaban tapadas por cortinas blancas y no podía ver el interior. No se escuchaba otro sonido que no fuera un silbido muy tenue provocado por la brisa. Ni siquiera los pájaros cantaban. Joaquín tragó saliva. Supo que no era un silencio normal.
     Volvió sobre sus pasos hasta el coche de papá. Miró por la ventanilla del conductor, poniendo las manos ahuecadas a los lados de la cara, para eliminar el reflejo. No había nadie dentro del coche.
     “¿Y qué esperabas? –pensó-. No iban a estar agazapados debajo de los asientos.”
     Fue hasta la ancha puerta de persiana del garaje. Era el único lugar de la casa que le quedaba por revisar. Se inclinó, sujetó el borde inferior con los dedos de las dos manos y empujó hacia arriba. La puerta se levantó sin mayores dificultades, subiendo sola por sus guías. Tenía un sistema automático que funcionaba con un control remoto pero hacía por lo menos tres años que se había roto y hacía por lo menos un año que el control se había perdido. Era otra de las tantas cosas que su padre decía que en algún momento iba a reparar, pero lo cierto es que no era ninguna emergencia.
     “¡Por fin los encontré!”, estuvo a punto de decir Joaquín mientras la persiana se levantaba. Pero las palabras murieron antes de salir de su boca.
     Joaquín fue recibido por la fresca humedad del garaje, perfumada con aroma a aceite de motor y removedor de pintura. Allí estaba la grasienta valija de herramientas de papá, los utensilios de jardinería de mamá, la estantería con viejas latas de pintura, la manguera enrollada colgada de un gancho en la pared, las bicicletas polvorientas apiladas en un rincón, la pelota de fútbol semi desinflada… pero su familia no estaba ahí.
     Joaquín entró, como para asegurarse, pisando el suelo lleno de manchas.
     Soltó un suspiro derrotado.
     La conclusión era tan contundente como clara: su familia no estaba en la casa. No tenía idea de dónde estaban o de por qué se habían marchado, pero el caso era que no estaban. Así de sencillo.
     No iba a encontrarlos buscando debajo de la alfombra ni abriendo los armarios de la cocina. Si quería encontrarlos, iba a tener que ampliar el área de búsqueda. Eso era elemental.
     ¿Cuál era el lugar más evidente? La casa de los vecinos, por supuesto.
     Joaquín fue hasta el portón. Buscó las llaves que había dejado en el bolsillo de su bañador, el cual ya había empezado a secarse (en ese momento cayó en la cuenta de que seguía vestido únicamente con el bañador azul, su torso y sus pies seguían desnudos) y seleccionó la correspondiente a la reja.
El portón se abrió con su chirrido característico, casi musical, que se escuchó demasiado alto en el silencio sepulcral de la calle.
Joaquín fue a la casa de los Sánchez, a la izquierda. Los Sánchez eran los vecinos con los que su familia más se relacionaba. Era un matrimonio que tenía más o menos la misma edad que sus padres, pero no tenían hijos. La madre de Joaquín y la señora Sánchez se llevaban muy bien. Iban juntas a clases de yoga. Por su parte, su padre y el señor Sánchez compartían la misma pasión por las revistas antiguas, en especial Mecánica Popular.
     Joaquín abrió el pequeño portón de madera blanca y avanzó por el camino de piedra hasta la puerta. En cierto modo la casa de los Sánchez y la suya se parecían bastante. Tocó el timbre y en seguida, golpeó la puerta con los nudillos. No quería parecer desesperado, pero lo cierto es que lo estaba. Esperó unos segundos que se hicieron eternos. Volvió a tocar el timbre y la puerta casi al mismo tiempo.
     Fue hasta la ventana, a la derecha de la puerta y miró. Las persianas bloqueaban gran parte de la vista, pero pudo ver el salón penumbroso y desierto.
     “Los Sánchez tampoco están”, pensó Joaquín, pero aún así tocó la puerta una vez más. Y también habló en voz alta.
     -¿Hola? ¿Están ahí?
     No hubo respuesta. Joaquín intuyó que si revisaba todas las casas de la calle, una por una, obtendría el mismo resultado. Pero, ¿cómo era posible? ¿A dónde habían ido todos?
     “No, no puede ser”, pensó.
     Desesperanzado, volvió a la calle. Estaba pensando cuál era el próximo paso a seguir (tal vez volver a entrar y simplemente esperar a que su familia volviera), cuando percibió movimiento en la periferia de su campo visual.
     Se detuvo en seco y giró, mirando hacia la vereda de enfrente.
     Le parecía haber visto a alguien… o algo. Una figura que se había movido con mucha rapidez. Estaba seguro de que había venido de la casa de la señora Mancuso, la viuda jubilada que vivía justo enfrente de los Becerra. La casita de Mancuso era pequeña y muy pintoresca. El techo de tejas rojas combinaba a la perfección con las paredes blanquísimas, que a esa hora del día brillaban como si emitieran su propia luz. La señora tenía un frondoso jardín lleno de flores coloridas y hasta una fuente para pájaros en la entrada. ¿Era la señora Mancuso a quien acababa de ver? Tal vez la anciana estaba trabajando en su jardín. Joaquín cruzó la calle a toda prisa.
     -Señora Mancuso –llamó-. ¡Señora Mancuso!
     Saltó a la vereda y entró por el camino de baldosas. Le había parecido ver que la señora Mancuso se había ocultado detrás del olmo que crecía en la esquina de su jardín delantero.
     -Señora Mancuso, necesito ayuda –dijo Joaquín acercándose al árbol.
     La anciana era muy agradable y muy querida en el barrio. Seguramente estaría muy dispuesta a ayudar a un niño desesperado.
     Entonces algo rodeó el tronco del olmo y enfrentó a Joaquín.
     El niño se detuvo con un sobresalto y su respiración se cortó. Sintió como si se le vaciaran los pulmones en una milésima de segundo.
     Lo que estaba delante de él no era la señora Mancuso.
Un zumbido eléctrico que surgió de la nada, llenó pronto sus oídos. Como si se hubiera parado debajo de una torre de alta tensión. Empezó a nublársele la vista. Joaquín quiso echar a correr, pero sentía las piernas rígidas, como de cemento.
     “¿Qué está pasando?”
     Lo que estaba parado frente a él dio un paso.
     Fue entonces que Joaquín reaccionó. Dio un salto hacia atrás, trastabilló y cayó sentado en el pulcro césped de la señora Mancuso. Se levantó con rápida torpeza, sin darse cuenta de lo que hacía, y echó a correr.
     Cruzó la calle dando largas zancadas. Empujó el portón de entrada de su casa con tanta fuerza que rebotó con un chasquido metálico y volvió a cerrarse. Entró en la casa y cerró la puerta con llave. Tuvo que hacer varios intentos para poder hacer girar la llave en la cerradura.
     Fue a la cocina, sin saber exactamente a donde ir y allí se quedó, de pie, tomando grandes bocanadas de aire, sintiendo cómo su corazón explotaba con cada latido.
     “Esto es un sueño –pensó Joaquín-. Estoy soñando. Solamente es una pesadilla.”
     Tenía que ser una pesadilla. No podía tratarse de otra cosa. Nada de lo que estaba ocurriendo era real (no podía ser), pero ya había tenido suficiente y quería despertar.
     Su familia debía estar en la piscina, disfrutando de la mañana estival. Sus vecinos debían estar en sus casas, haciendo planes veraniegos. La señora Mancuso debía estar cuidando su precioso jardín, con su enorme sombrero floreado para protegerse del sol y disfrutando de una sabrosa limonada.
     Lo que había visto en el jardín de la anciana no era real. No existía. Estaba solo en su imaginación. No entendía cómo podía jugarle semejante mala pasada, pero no era más que eso.
     Se dio cuenta de que tenía las mejillas húmedas. Las lágrimas por fin habían salido y se derramaban por su rostro de forma incontenible. Se las limpió con las manos y se miró las palmas brillantes.
     Las lágrimas eran reales. Lo sabía. Y si las lágrimas eran reales, todo lo demás era real.
     Con las manos temblorosas abrió la canilla del agua fría, se llenó las manos ahuecadas y se mojó la cara. La sensación fue muy agradable. Pero no mitigó el miedo.
     No podía quitarse de la cabeza la imagen de lo que había visto en la casa de la señora Mancuso. Cada vez que cerraba los ojos veía esa espantosa e imposible figura.
     ¿Qué era exactamente? ¿Un fantasma?
     Esa era la primera impresión que le había dado. Pero ¿y si era otra cosa? ¿Algo aún peor?
     De pronto, el zumbido eléctrico regresó, pero esta vez, mucho más agudo. Joaquín sintió que le perforaba los tímpanos. Apretó los dientes y se llevó las manos a las orejas.
     Se escuchó una especie de chasquido eléctrico y entonces vio que algo avanzaba por el salón, en dirección a la cocina.
     No era el fantasma. Se trataba de otra cosa. Una especie de cortina verdosa que iba del suelo al techo y se expandía en todas direcciones. Como un campo de energía que se extendía.
     Joaquín miró hipnotizado el resplandor verde que se dirigía a la cocina. Pasaba por encima de los muebles y los electrodomésticos y los dejaba atrás sin afectarlos, al menos a simple vista. Pero, ¿qué ocurriría si esa energía lo tocaba a él?
     Echó a correr otra vez.
     Sin tener otro lugar a donde ir, salió al jardín por la puerta de la terraza. La cortina verdosa, que zumbaba como un enjambre de abejas furiosas, le pisaba los talones.
     Joaquín corrió en línea recta, llegó al borde de la piscina y sin poder hacer otra cosa, saltó.
     Se hundió en el agua con una gran salpicadura. Cuando sus pies tocaron el fondo, levantó la cabeza y miró la agitada superficie. La cortina verdosa pasó por encima del agua, cruzando la piscina, y siguió su camino.
     Joaquín esperó bajo el agua hasta que el aire que contenían sus pulmones pareció hervir. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuarenta segundos? No iba a poder quedarse ahí abajo para siempre, eso era evidente. Pero, ¿y si el campo de energía verdosa lo alcanzaba? ¿Y si la aparición que había visto lo encontraba? Había caído en un callejón sin salida y para colmo en uno que no le permitía respirar.
     Sintiendo que la desesperación lo atenazaba, se empezó a sacudir bajo el agua, empezó a agitar brazos y piernas, como si eso fuese a mitigar su desesperación. Finalmente, sin poder aguantar más, se impulsó con las piernas hacia arriba, con la cabeza echada hacia atrás.
     Su cara salió del agua y Joaquín tomó una enorme bocanada de aire fresco. Luego se echó a toser. No quería sacar la cabeza entera del agua. Le parecía que era exponerse demasiado. Paradójicamente, el agua de la piscina, con su temperatura agradable, le brindaba ahora cierta sensación de confort y protección.
     Nadó con suavidad hacia el borde. Volvió a tomar aire y hundió la cara hasta la mitad, dejando los ojos por fuera, como un cocodrilo al acecho. Miraba hacia la casa. No había signos de movimiento o actividad. Giró en redondo, mirando el vallado que limitaba el jardín. El campo de energía había desaparecido. O se había expandido tanto que ya no estaba a la vista. Tampoco se escuchaba el zumbido eléctrico. Joaquín no se sentía diferente. Si el campo de energía había causado algún cambio en las cosas que había tocado, él no lo percibía. Las flores, el césped, las reposeras, las revistas de pesca, todo estaba como antes. Tampoco había penetrado en el agua. De eso estaba seguro. Joaquín había visto el resplandor verdoso pasar rasando sobre la superficie, pero no lo había visto dentro de la piscina. Haberse lanzado al agua había sido una buena idea, después de todo.
     Se preguntó qué hubiese ocurrido si esa extraña energía llegaba a tocarlo. Había echado a correr instintivamente en el momento en que la había visto. Eso había sido bueno. Pero, ¿y si no lo hubiese hecho? ¿Y si la cortina verde lo alcanzaba? ¿Qué hubiera pasado?
     De pronto, se le ocurrió una idea estremecedora.
     Antes de que pudiera terminar de darle forma, la figura que había visto en el jardín de la señora Mancuso se materializó en la terraza. Había salido por la puerta de la cocina.
     Joaquín abrió la boca para gritar, pero se llenó de agua. La escupió, tomó una gran bocanada de aire y se hundió de inmediato.
     Quedó sentado en el fondo, mirando hacia arriba. Veía las nubes ondulándose a través del agua.
     Esperó.
     Cada segundo se hizo eterno. El aire empezaba a hervir otra vez en sus pulmones.
     Entonces lo vio.
     La figura fantasmal se asomó por el borde de la piscina. Desde allí abajo parecía altísima. Joaquín intentó hundirse más, pero el fondo se lo impedía. Se tendió, quedando acostado boca arriba, con los dientes apretados.
     La aparición miraba hacia un lado y hacia otro. Luego, bajó la cabeza, mirando el agua. Joaquín deseó que el agua se volviera negra como el petróleo. Hundió la cabeza entre los hombros y se puso rígido.
     Ver el rostro de aquella cosa era horrible, pero verlo distorsionado por el agua, era aún peor.
     Pero, la cosa, ¿podía verlo a él?
     Parecía estar mirando la superficie con indecisión. Extendió una mano larga de dedos delgados y tocó el agua. Los dedos se hundieron despacio, con cautela, explorando. Se movieron despacio, agitando el agua. No llegaron a tocar a Joaquín, que estaba demasiado abajo. Al cabo de un momento, la mano subió.
     La criatura se irguió y se marchó, desapareciendo del acuoso campo visual de Joaquín.
     Joaquín esperó unos segundos más, para asegurarse. Luego, empezó a ascender muy despacio. Volvió a asomar la cabeza lo suficiente como para poder respirar. Tomó aire intentando ser lo más silencioso posible.
     Vio a la aparición dirigiéndose de nuevo a la casa. Su manera de moverse era tan extraña que provocaba escalofríos. Una pierna se estiraba hacia delante de manera grotesca y luego el cuerpo entero se movía. Joaquín todavía no podía decidir qué era aquello. Se trataba de un ser extremadamente delgado con unas piernas larguísimas, como de insecto, que se flexionaban en varias direcciones cada vez que las movía. Los brazos también eran largos y delgados y terminaban en manos de tres dedos que más bien parecían tentáculos. La cabeza era como una calabaza alargada. Los ojos eran manchas totalmente negras que no tenían forma alguna. La boca era como una cicatriz abierta y ondulante. Carecía de labios. La piel era gris verdoso y de un aspecto muy extraño: era semitransparente y movediza. Parecía reptar sobre el cuerpo del ser. Como un organismo independiente.
     “Es un extraterrestre –pensó Joaquín-. Un fantasma extraterrestre”.
     La idea le parecía descabellada y acertada a la vez.
     La criatura se volvió al llegar a la terraza. Joaquín pudo ver que llevaba algo en las manos. Manipulaba un objeto de forma piramidal totalmente negro. Los dedos-tentáculos se movían sobre él como serpientes.
     De pronto, otra figura emergió de la penumbra de la cocina. Joaquín contuvo la respiración, sofocando un gemido. Volvió a hundir la cabeza en el agua un instante y luego volvió a sacarla. Había más de una de esas cosas. ¿Cuántas había en total? ¿De dónde venían y qué era lo que querían? Joaquín sintió los fríos dedos del terror apresando su corazón.
     El ser recién llegado se enfrentó al primero. Sus bocas se abrieron, pero no se movieron. Joaquín escuchó una serie de sonidos vibrantes y ecos. Recordó un juguete que tenía cuando era más chico. Era un micrófono que podía distorsionar la voz y producir eco. La voz de esos seres era algo similar a usar aquel micrófono. Joaquín intentó descifrar alguna palabra, pero le fue imposible. No podía identificar ninguno de los fonemas, si es que de fonemas se trataba.
     El alien que tenía la pirámide negra en la mano se la entregó a su compañero. Este la observó detenidamente, manipulándola, como si buscara un botón para hacerla funcionar, a pesar de que las paredes eran totalmente lisas.
     De pronto, el zumbido eléctrico se hizo oír otra vez. De la pirámide emergió un cono de luz verdosa que se agrandó rápidamente y empezó a expandirse. El campo de energía de nuevo. El cono se estiró hasta convertirse en una muralla de unos tres metros de alto que se expandió por el jardín.
     Joaquín volvió a sumergirse en el acto. Otra vez, mirando hacia arriba, divisó la cortina verde pasando sobre el agua.
     Esperó unos segundos antes de volver a salir.
     Las criaturas estaban entrando en la cocina. Rápidamente desaparecieron de la vista.
     Joaquín suspiró y notó que estaba temblado. No tenía frío, pero no podía evitar que todo su cuerpo se agitara. Querías salir del agua, pero era tan seguro como quitarse el traje especial en la Luna. La piscina parecía ser el único lugar en donde podía estar relativamente a salvo. Por ahora.
     Estaba claro que por alguna razón, la energía que despedía ese artefacto piramidal no podía atravesar el agua. Aquellos seres tampoco podían ver a través de ella. Joaquín se preguntó cómo veían. Las manchas oscuras que tenían por ojos no parecían estructuras demasiado complejas. Tal vez no podían hacer mucho más que distinguir entre luz y oscuridad. Tal vez veían en un espectro totalmente distinto al del ser humano. Era posible que el agua la vieran como una gran masa negra impenetrable, o como un espejo que reflejaba toda la luz sin absorberla. Como fuera, el agua lo protegía.
     Volvió a la idea que se le había estado ocurriendo antes de que la criatura saliera al patio. Recordó el momento preciso en el que se había lanzado del trampolín. Sus padres estaban en sus reposeras y su hermana adentro. Y él en el agua. Se imaginó que en el instante en el que se sumergió, la muralla de energía había barrido el jardín y toda la casa, mientras su familia estaba expuesta. Diana debía haber sido la primera. Seguramente uno de los monstruos se había parado en la calle, frente a la casa y había disparado su arma mortal. Debían haber hecho lo mismo en todas las casas de la calle Carros. El rayo debía haberse expandido lo suficiente para llevarse a sus padres. Joaquín pensó qué debieron haber sentido ellos y su hermana cuando la energía verde los envolvió. ¿Sintieron dolor? ¿Sufrieron? Se echó a temblar con más fuerza. Como fuera, él había tenido la “buena suerte” de haber estado bajo el agua, justo en el momento crucial. Esos dichosos tres segundos que había pasado sumergido le habían salvado la vida. Si hubiese decidido lanzarse del trampolín un segundo antes, hubiera corrido la misma suerte que su familia. Ahora entendía que ellos simplemente no se habían levando y se habían ido. No estaban ocultos en el armario ni debajo de ninguna cama.
     A continuación pensó en lo silencioso que estaba todo. Por lo general, una mañana de verano, aunque fuera tranquila, estaba llena de ruidos: los pájaros cantaban alegres, las moscas, abejas y demás insectos zumbaban, hasta se escuchaban ladridos de perros que de seguro estaban jugando con sus dueños… pero ahora todo era un silencio sepulcral, interrumpido únicamente por un silbido muy tenue producido por la brisa ocasional. El rayo verde debía haberse llevado más que a su familia y vecinos. Al parecer había arrasado con todos los animales. Por el contrario, las plantas estaban intactas. Joaquín paseó la vista por el jardín: las flores de su madre seguían igual, el césped estaba tan verde y esponjoso como siempre, los árboles se veían frondosos y sanos. Al parecer el rayo solo afectaba a los seres vivos pertenecientes al mundo animal. Era curioso. ¿Afectaría también a los electrodomésticos? ¿La radio, la televisión, el microondas? Joaquín no había podido comprobarlo cuando estaba dentro de la casa, pero suponía que sí.
     También se preguntó cómo habían entrado a la casa. Si él había cerrado la puerta con llave. Tal vez se habían colado por alguna ventana abierta. Su cuerpo se veía tan elástico y flexible que de seguro no tenían problemas para meterse por recovecos estrechos. Eso era lo de menos. El caso era que estaba completamente solo e indefenso.
     Pero, ¿de verdad estaba completamente solo?  ¿Aquellas dos criaturas habían arrasado con la calle entera? ¿No había nadie más en la piscina? ¿O en la ducha? ¿O en la bañera? Se preguntó si la calle Carros había sido la única afectada. ¿Habrían atacado todo el barrio? ¿Toda la ciudad? ¿Todo el país? ¿El mundo entero? Lo último le parecía poco probable, al menos por el momento. Tenía que haber alguien más en algún sitio. Alguien más debía haber descubierto que el agua podía protegerlo. Si él, un simple niño de once años lo había hecho, ¿por qué otros no? Pero si había más gente, iba a tener que buscarla. Y salir de la piscina le parecía una pésima idea, aún. Las criaturas andaban rondando, de eso estaba seguro.
     Seguía temblando, pero con más suavidad que antes. Pensar, preguntarse y sacar conclusiones lo había calmado, de cierta manera. Aunque tenía más preguntas que respuestas.
     ¿Qué debía hacer ahora? Salir de la piscina estaba descartado. ¿Quedarse allí, esperando? Pero, ¿esperando qué?
     Se preguntó qué hora sería. Miró el cielo. El sol estaba alto. Debía ser mediodía. De pronto, sintió un rugido en su estómago. Tenía hambre. Recordó que no había comido nada aún. Desde que se había levantado. Ni siquiera había desayunado, porque la piscina era todo lo que tenía en mente cuando se despertó. Pero no iba a salir de la piscina para ir a buscar un bocadillo a la heladera. Iba a tener que aguantar.
     Tenía los brazos apoyados en el borde. Sus pies se movían perezosamente en el agua.  Miraba fijamente a la cocina, a la espera de que las criaturas volvieran a salir. El sol había empezado a calentarle la cabeza. Su pelo se estaba secando. Se hundió brevemente para refrescarse y volvió a salir.
     Esperar. No podía hacer otra cosa que esperar. Pero, ¿cuánto? ¿Y para qué? No lo sabía. Trató de no pensar en nada, de no concentrarse en nada en absoluto. Le pareció que así el tiempo podía pasar más rápido. Escuchaba el murmullo de las hojas de los árboles movidas por el viento. Nada más. Ni voces, ni pasos, ni ruidos de ninguna otra especie.
     Y así pasó el tiempo. Una hora y unos minutos. Cada tanto, Joaquín se movía, nadando en círculos en la piscina, para evitar que se le entumecieran los músculos. Al pasar la hora ya tenía las yemas de los dedos arrugadas y muy blancas. De pronto, lo asaltaron unas repentinas ganas de orinar. Empezó a moverse a un lado y a otro, inquieto. Se le ocurrió salir de la piscina e ir corriendo al baño, pero le pareció tan peligroso como meter la mano en un cesto lleno de serpientes. Tal vez no fuera necesario entrar en la casa; con alcanzar uno de los arbustos del jardín sería suficiente. Además, estaría lo suficientemente cerca de la piscina para volver si los monstruos volvían a aparecer.
     Fijó la mirada en uno de los crategus que crecían a la izquierda, pegados a la valla. Era un buen lugar, muy cercano. Joaquín se empujó con los brazos y sacó una pierna fuera del agua. Fue en ese momento en que vio a los monstruos salir. Esta vez no eran dos. Eran tres.
     El corazón le dio un vuelco. Gimió ahogadamente y se dejó caer de inmediato en el agua, hundiéndose otra vez. Tocó el fondo y allí se quedó, preguntándose si lo habían visto. No lo creía. Los tres habían salido de la cocina hablando entre sí. Tal vez habían escuchado el chapoteo, pero él había sido muy rápido. Además, bajo el agua estaba a salvo. ¡Pero no se habían marchado! O si lo habían hecho, ahora estaban de vuelta. Si se le hubiese ocurrido salir un momento antes…
     Esperó bajo el agua un segundo tras otro, mirando hacia arriba. Entonces tres figuras ondulantes aparecieron en la superficie. Joaquín apretó los dientes. No pudo evitar que algunas burbujitas escaparan de su boca y ascendieran.
     Los tres monstruos se miraron entre sí. Joaquín escuchaba los ecos distorsionados de sus voces. Luego uno de ellos metió la mano en el agua y movió los largos dedos. Parecía estar explicándoles a los otros dos lo que estaba haciendo. Otro de ellos también metió la mano y la removió. Joaquín vio los dedos como tentáculos enroscándose muy cerca de él. Se acostó boca abajo en el suelo y se movió muy despacio, alejándose. Nadó moviendo apenas los pies, hasta que su cabeza tocó la pared de la piscina. Se detuvo y siguió la pared hasta el rincón. Allí se quedó mirando como aquellos dedos irreales tanteaban el agua.
     A continuación, el segundo que había hundido la mano, se inclinó hacia adelante, doblándose sobre sí mismo y hundió la cabeza. Joaquín vio ese óvalo alargado girando a un lado y después al otro. Las manchas negras que tenía por ojos ondulaban bajo el agua. De su boca sin labios salieron un par de diminutas burbujitas. Joaquín se encogió en el rincón, flexionando las piernas y pegándolas al pecho. Hundió la cabeza entre los hombros. Nunca había deseado con tanta fuerza ser invisible como en ese momento.
     La cabeza volvió a girar a un lado. Luego al otro. Finalmente, subió. El monstruo habló con sus compañeros. Seguramente les estaba comunicando lo que había visto. ¿A él? ¿Había logrado ver a Joaquín a través del agua? Los otros dos lo escuchaban con atención. Parecían muy interesados. Joaquín casi esperaba que los tres se lanzaran al agua en picada y nadaran a toda velocidad hacia él. Seguramente lo sacarían a la fuerza, o lo matarían allí mismo, bajo el agua. El corazón del muchacho bombeaba con tanta fuerza que podía escucharlo retumbar en sus tímpanos, como un tambor. Pero las tres criaturas se marcharon. Se alejaron del borde y desaparecieron del campo visual de Joaquín. Él quiso esperar, pero ya no podía. Cuánto tiempo había estado aguantando la respiración? Le parecía que mucho más de un minuto. Sin embargo, se irguió con delicadeza y volvió a asomar tan solo la cara por encima de la superficie. Abrió la boca todo lo que pudo y tomó una enorme bocanada de aire fresco. Hizo un espantoso ruido ahogado y rasposo, pero no pudo evitarlo.
     Inspiró y exhaló varias veces. Lentamente, dejó que su cuerpo flotara, como haciendo la plancha. Dejó pasar varios minutos. Luego, por fin, sacó la cabeza del todo. Nadó despacio hasta el borde. Los monstruos se habían ido.
     “Por ahora”, pensó. No podía saber si iban a regresar en algún momento o no. Tal vez el que había hundido la cabeza no había visto nada. Le parecía lo más probable. Seguramente esa extraña sustancia líquida les llamaba mucho la atención, pero habían decidido dejar la piscina en paz… pero claro, nunca se sabía.
     Las ganas de orinar volvieron con toda su fuerza. Pero Joaquín no hizo intentos por salir de la piscina e ir al arbusto. No quería. No después de lo que había pasado. Comprendió que se había salvado por un pelo. Cerró los ojos, sintiendo el escozor de las lágrimas. No pudo contenerlas. Las lágrimas salieron casi al mismo tiempo que la orina. Sintió una desagradable tibieza rodeando su entrepierna, al tiempo que las lágrimas rodaban por sus mejillas. La piscina tenía mucha agua, pero la orina se expandiría con rapidez. No podía hacer nada por evitarlo. Sollozando, nadó hasta el borde opuesto, buscando aguas más frescas.
     Las horas pasaron, una tras otra. El sol fue cayendo, muy, muy despacio, detrás del jardín. El cielo se tiñó de un naranja cada vez más intenso, como un metal calentándose en el fuego. Joaquín, con la espalda apoyada en la pared de la piscina y los brazos extendidos afuera, sobre el borde, flotaba, inerme, lánguido como una medusa, las piernas extendidas hacia adelante. Los ojos se le cerraban y el pugnaba por mantenerlos abiertos. El hambre lo acosaba de a ratos, provocándole golpes de ardor estomacal. Además, tenía sed. Sentía el paladar extremadamente seco. La lengua se pegaba a él como un velcro. Había pensado en tomar un poco de agua de la piscina, pero se resistió. No lo haría hasta que fuese absolutamente necesario. No pensaba beberse ese coctel de cloro, orina y sudor a menos que fuera una emergencia.
     En un momento, echó la cabeza hacia atrás, sin darse cuenta, y dormitó unos minutos, sintiendo un intenso calor en el parte superior de la cabeza y la nuca. Tuvo un sueño confuso y convulso, en el que figuras sin forma alguna se arrastraban en la oscuridad y proferían gritos horrendos e ininteligibles. Se despertó de golpe, estremeciéndose como si hubiese recibido una descarga eléctrica. Miró en derredor, desconcertado. Estaba solo. No había rastros de los monstruos.
     Nadó despacio hacia un extremo y luego hacia el otro de la piscina para despejarse. No quería volver a dormirse. Iba a tener que moverse cada cierto tiempo.
     El cielo pasó del naranja al rojo detrás del jardín, como si estuviese derramando sangre. Las sombras se alargaron y se hicieron más oscuras.
     Joaquín nadaba dando una vuelta por la piscina durante un par de minutos, paraba, se acercaba al borde, donde se quedaba flotando veinticinco minutos o media hora, hasta que sentía que el cansancio volvía a aparecer y entonces se ponía a nadar otro par de minutos.
     Así estuvo hasta que anocheció. El ocaso había sido larguísimo, el más largo de toda su vida.
     Cuando el cielo se oscureció por completo, empezó a tiritar. Había comenzado a sentir frío. Se miró las manos. Eran manchas blancas muy pálidas, que estaban arrugadas no solo en las yemas de los dedos, sino en las palmas también, con surcos muy profundos. Notó que habían empezado a dolerle las articulaciones, sobre todo las rodillas y los hombros.
     Sabía que el cansancio iba a vencerlo tarde o temprano. No podía luchar contra él eternamente. El jardín estaba totalmente oscuro, solo iluminado por la luna. No había nadie que encendiera las luces exteriores. Y las interiores tampoco. La casa era una masa negra de oscuridad, cuyas ventanas resplandecían débilmente. Todas las casas de la calle Carros debían tener el mismo aspecto, oscuro, silencioso, siniestro.
     ¿Y dónde estaban los monstruos? ¿Se habían marchado ya? ¿O seguían rondando por ahí?
     Hacía por lo menos cinco horas que no los veía.
     “Se han ido –pensó-. Definitivamente, se han ido”.
     Pero, ¿y si no era así?
     Sin estar seguro de si debía o no, Joaquín apoyó las manos en el borde y usó los brazos para impulsarse. No terminaba de decidir si iba a salir definitivamente o no. Los brazos le temblaron violentamente mientras lo sostenían, rígidos. Sentía el cuerpo muy pesado, como si estuviera relleno de plomo bajo la piel.
     De pronto, escuchó un crujido. ¿Había venido de algún lugar del jardín o eran tan solo sus ateridos huesos? No lo dudó un instante, inmediatamente, se dejó caer en el agua y se hundió. Permaneció un momento así, inmóvil, mirando la luna ondulante a través de la superficie, hasta que no pudo aguantar más la respiración y tuvo que salir. Se asomó mirando en derredor. No había nada, al menos a simple vista. Aunque, claro, no podía estar seguro con tanta oscuridad. No podía ver mucho más allá de un par de metros de la piscina, todo lo engullía rápidamente la negrura. No tenía idea de lo oscuro que podía ser su jardín trasero por la noche. Es que nunca lo había visto sin luces, excepto durante algún apagón esporádico. Era casi como estar perdido en el medio de un bosque extraño.
     La oscuridad lo rodeaba, pero dentro de la piscina aún se sentía protegido. El agua, a pesar de que lo enfriaba cada vez más, tenía el mismo efecto que las sábanas de su cama durante la noche: lo protegían de los monstruos.
     Se acercó al borde y se sujetó con los blanquísimos dedos de una mano, flotando, moviendo los pies y la otra mano perezosamente. Pensó que lo peor de todo no era la oscuridad, sino el silencio. No escuchaba absolutamente nada. Ni grillos, ni ranas, ni búhos, ni siquiera el aleteo de alguna mariposa nocturna. Solo el sonido sordo y profundo de su propia respiración y el ocasional chapoteo de sus manos en el agua. Era un silencio ensordecedor, desesperante.
     “Mamá, papá, Diana, ojalá estuvieran aquí”, pensó y se dio cuenta que lo dijo en voz alta. En ese momento, escuchar sus voces era lo que más deseaba en el mundo. Quería escuchar a su hermana reír. Hasta ese momento no había pensando en lo hermosa que era la risa de Diana.
 Procuró moverse un poco para despejarse. Y para llenar el silencio, al menos en parte.
     La noche avanzó hasta transformarse en madrugada y esta siguió su curso, eterna. La luna acompañó a Joaquín durante todo ese tiempo, lo observó nadar cada vez más despacio y cada vez con menos frecuencia. Haciendo largas pausas aferrado al borde de la piscina. Sus temblores fueron cada vez más frecuentes, fuertes e incontrolables. Sus dientes empezaron a entrechocar. De pronto, el agua le pareció extremadamente fría, como si estuviese nadando en pleno invierno. Había empezado a dolerle la garganta, sobre todo por la falta de líquido. Comprendió que avanzaba inexorablemente hacia la deshidratación. Iba a tener que hacer lo que había estado postergando todo ese tiempo.
     Fue alrededor de las cuatro de la mañana que abrió la boca y bebió un gran buche de agua. Se llenó los carrillos todo lo que pudo, esperó exactamente un segundo y entonces tragó. Lo hizo lo más rápido que pudo, cerrando los ojos, tratando de no prestar atención a los posibles sabores que pudiera sentir. El agua pasó por su reseca garganta, bajó por el esófago e impactó en su estómago como una bomba de frescura. Durante un breve instante tuvo una insólita sensación de bienestar. Su estómago, vacío desde hacía casi veinticuatro horas, aceptó agradecido el buche de agua. Aprovechó ese instante de extraño placer para beberse otro buche, este más pequeño. Luego tosió. La sensación agradable desapareció de inmediato. Un regusto a cloro subió por su garganta. Eructó. Luego tuvo una arcada. Aterrado, pensó que iba a vomitar (lo único que le faltaba, nadar entre su propio vómito), pero no ocurrió. Su estómago lo traicionó, contrayéndose con violencia. Se había dado cuenta de que el agua no era tan fresca y deliciosa en realidad. Joaquín hizo otra arcada. Escupió en el borde de la piscina. Luego empezó a respirar ahogadamente, por la boca. Apoyó la cabeza en el borde y se quedó así un buen rato, procurando que su estómago se tranquilizara. No iba a poder quedarse allí hasta beberse toda la piscina.
     Al cabo de un rato, cuando su respiración se normalizó y su estómago se calmó, Joaquín cruzó los brazos sobre el borde de la piscina, apoyó la cabeza y cerró los ojos. Ya no podía hacer nada por evitarlo. El agotamiento lo había embestido como un tren. Su mente le decía que se mantuviera despierto, que volviera a nadar otro rato, pero su cuerpo no podía. Simplemente no podía.
     Se durmió.
     Despertó sobresaltado una hora después. Se hundió en el agua y salió rápidamente. Miró en derredor, desconcertado. ¿Había soñado? No estaba seguro. Tenía idea de que había visto a su madre, de que ella lo llamaba desde la casa y él se alegraba mucho de escuchar su voz. Pero, ¿había sido real?
     El jardín estaba bañado por una pálida luz lechosa. Pronto el sol asomaría por encima de la casa y lo iluminaría con su cálida luz. Por el momento la casa tenía un aspecto frío y extraño. Las ventanas seguían opacas, llenas de penumbra.
     Todo estaba tan silencioso como antes. Nada de pájaros cantando alegremente al sol que asomaba. El silencio muerto y desesperante seguía reinando en el jardín.
     Joaquín carraspeó y sintió ardor en la garganta otra vez. Luego comenzó a tiritar. No se sentía mucho más descansado que antes de quedarse dormido. Movió los brazos ateridos. Sus huesos crujieron como los de un viejo. El estómago le ardía de forma brutal.
     “Tengo que salir –pensó-. No puedo quedarme aquí más tiempo. Tengo que salir”.
     Sabía que si se quedaba en la piscina moriría. Pero, si salía, los monstruos lo atraparían.
     ¿De verdad? Hacía muchas horas que no los veía. No habían regresado desde la última expedición a la piscina. Dudaba que estuvieran merodeando por la casa. Los hubiera visto o escuchado.
     “Deben estar lejos. Muy, muy lejos.”
     De pronto, el miedo de que lo atraparan no era tan grande como el miedo de morir de hambre o deshidratación y acabar flotando en el agua con la piel arrugada como una pasa. La segunda opción se había vuelto la más plausible y cercana. La piscina, que lo había ocultado de los monstruos, iba a convertirse en su ataúd.
     Definitivamente, era hora de salir.
     Avanzó despacio hasta la escalerilla de aluminio. Usualmente salía por cualquier sitio, apoyando las manos en el borde y levantando las piernas, pero ahora no tenía fuerzas para eso. Iba a necesitar un apoyo y era posible que también un andador.
     Se aferró a los tubos de la escalera con ambas manos y se impulsó. Sus brazos temblaron como ramas secas de árbol agitadas por una ventisca.
     “¡No te sueltes!”
     Colocó un pie en un escalón. Luego el otro en el siguiente. Subió los tres escalones muy despacio. Por fin puso un pie en el suelo de baldosas que rodeaba la piscina. Luego el otro. Su cuerpo trémulo chorreaba agua que formó un charco alrededor de los pies. Esperó unos instantes, con las manos fuertemente cerradas alrededor de la barandilla y finalmente se soltó. Se tambaleó, dio un paso vacilante y cayó de rodillas en el césped fresco, todavía húmedo por el rocío. Notó que su piel había perdido gran parte de la sensibilidad.
     Se sentía como una criatura marina que ha pasado toda su vida en altamar y pisa tierra firme por primera vez.
     Pensó en quedarse allí un momento, quizá unos minutos, hasta recuperar fuerzas, pero no quiso hacerlo. Tenía que levantarse.
     “Vamos. ¡Arriba!”
     Se irguió despacio. Dejó que sus pies se asentaran bien en el suelo. Extendió los brazos a los lados como un equilibrista y luego echó a andar, arrastrando los pies sin despegarlos del suelo. Sintió un millón de pequeñas contracturas en los músculos de las piernas y un extraño hormigueo por todo el cuerpo. La sensibilidad perdida estaba regresando.
Caminaba con la espalda encorvada, como un viejo. Su piel se había vuelto de un blanco pálido notable y tenía los labios y las puntas de los dedos casi tan azules como el bañador.
     El camino hasta la entrada de la cocina se le hizo eterno. Pero llegó. Fue entonces cuando decidió empezar a caminar de manera normal, levantando un pie y luego el otro.
     Entró en la penumbrosa cocina, tiritando, frotándose los brazos con las manos. Sus manos estaban tan arrugadas que producían un desagradable sonido rasposo al frotar la piel.
Todo estaba sumido en un silencio sepulcral. Ni siquiera escuchaba el monótono ronroneo de la heladera. Fue hasta ella y la abrió. La luz interior no se encendió. Parecía que no había corriente. Echó un rápido vistazo al microondas. El reloj digital estaba apagado.
     Joaquín sacó la jarra de jugo. Todavía estaba fría. Pese a estar apagada, la heladera había conservado bien la temperatura. Tuvo que sujetarla con ambas manos, porque temblaba tanto que tuvo miedo de dejarla caer. Además era increíblemente pesada. Abrió la boca e inclinó la jarra despacio.
     El jugo artificial sabor naranja le supo a gloria. Se convirtió en el néctar más delicioso que había probado en su vida. El líquido dulzón bajó por su garganta y esta vez su estómago lo recibió sin problema alguno. Joaquín se bebió casi toda la jarra, en largos y temblorosos tragos. Sintió que las fuerzas volvían lentamente. Cuando terminó, sus temblores fueron menos pronunciados.
      Buscó en la heladera algo de comer. Algo fácil que no requiriera cocción. Encontró un poco de jamón y queso envueltos en celofán en el fondo del refrigerador. Buscó el pan que estaba en la panera arriba de la heladera, una barra de pan que empezaba a endurecerse, y devoró todo sin siquiera molestarse en hacerse un sándwich. Engullía las fetas de queso y jamón directamente del paquete y le daba grandes mordiscos al pan.
     Comió vorazmente, como un salvaje, vestido únicamente con su taparrabo azul.
     Cuando terminó (se le acabó el fiambre y el queso mucho antes que el pan) soltó un sonoro y largo eructo que resonó en la quietud de la casa. Si su madre lo hubiese escuchado lo hubiera reprobado duramente.
     Fue a la sala. Estaba desierta. Unos tímidos rayos de sol matinal entraban por las ventanas, pero todo estaba bañado en la misma luz extraña del amanecer.
     Joaquín probó uno de los interruptores de la pared. La luz del techo no se encendió. En efecto, no había corriente.
     Dio un par de pasos, pasó frente al vestíbulo, y vio que la puerta de calle estaba entreabierta. Se detuvo en seco, paralizado por el terror. ¿Todavía estaba a tiempo de volver corriendo a la piscina? No sabía si había algún monstruo merodeando por el piso de arriba o en los alrededores de la casa. Él recordaba haber cerrado la puerta con llave cuando volvió de la casa de la señora Mancuso. ¿Acaso los monstruos la habían abierto cuando entraron?
     “Tranquilo –pensó-. Que la puerta esté abierta no significa que estén por aquí”.
     Seguramente estuvo así toda la noche.
     Miró por la ventana. La calle estaba tranquila. Tampoco escuchaba nada proveniente del piso de arriba. No había nada que temer.
     Decidió echar un vistazo para estar seguro.
     Primero subió las escaleras con cautela (todavía tenía que sujetarse de la baranda para poder subir). Llegó al pasillo, esperó un momento y luego empezó a revisar todos los cuartos, uno por uno. Todo estaba tal como él lo había dejado el día anterior. El mismo desorden cotidiano, pero nada más. No faltaba nada, no había cajones abiertos con el contenido desparramado por el suelo, ni camas dadas vuelta. Nada extraño excepto aquel silencio cada vez más opresivo.
     Bajó y abrió la puerta de calle.
     El coche de su padre seguía allí. Joaquín se preguntó si arrancaría. Pero por el momento no iba a probarlo.
     Fue hasta el portón de la entrada, quitó la tranca y salió. Caminó hasta quedar en medio de la calle Carros. No se oía nada más que el silbido suave y fantasmal de la brisa matutina. Las casas, la suya, la de sus vecinos, se alzaban a los lados como enormes y olvidados dioses monolíticos que no han sido visitados en muchísimo tiempo. Las ventanas lo miraban como ojos cegados.
     Había algo tirado en la calle, a tres metros de donde estaba. Se acercó para verlo mejor.
     Era el objeto que los monstruos habían estado manipulando. La pirámide negra que lanzaba campos de energía verde. Estaba simplemente tirada allí, como un despojo.
     El primer impulso de Joaquín fue echar a correr, pero supo que no era necesario. Aquella cosa no le haría ningún daño.
     Se inclinó y la tocó con dedos cautos. La superficie, antes muy lisa, se había vuelto rugosa. No solo eso, se estaba descascarando, desprendiendo diminutos fragmentos crujientes, como una hoja de árbol seca.
     La levantó. Era sorprendentemente liviana, como si estuviera hueca. Frotó sus dedos con el polvillo negro que la pirámide desprendía. Tenía una textura que nunca había sentido antes. No era plástico, metal, o madera quemada. Era otro material, pero nunca sabría qué.
     Se le ocurrió que si recorría la calle de punta  a punta, probablemente encontraría otros objetos como aquel, tirados sin más, ya inútiles, una vez cumplida su función. Sus dueños los habían usado, los habían agotado y luego se he habían marchado. A dónde, nadie lo sabía.
     Ya no quedaba rastro de su paso más que esa extraña pirámide de material indefinido, que se deshacía entre sus dedos, como un pedazo de papel carbonizado.
     Joaquín levantó la vista hacia el final de la calle, silenciosa como un cementerio. Una nube tapó el sol que asomaba.
     “Se han ido –pensó-. Todos se han ido.”
     Las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas. El viento empezó a soplar y se las llevó.