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viernes, 30 de septiembre de 2011

Asesinos del idioma

La tecnología es maravillosa, de eso no hay duda. Ha hecho nuestra vida más fácil, dinámica, divertida. Ha acortado enormemente las distancias entre las personas. Ha hecho que estemos permanentemente comunicados. Pero tanta ventaja, conlleva necesariamente un lado oscuro... o quizá más de uno. Pero uno de los más importantes, es el liso y llano destrozo del hermoso Idioma Español. Es como si toda la tecnología se hubiese aunado para conspirar en contra del idioma, como si hubiese cobrado vida propia (como las máquinas de Terminator) y en lugar de revelarse contra los humanos disparándoles rayos láser, los atacara haciendo que perdieran la capacidad de escribir, degenerando el idioma a un punto que resulta infrahumano. He aquí un pequeño recuento de los principales culpables tecnológicos de las atrocidades a las que día a día sometemos a nuestra lengua.

Teléfono Celular. También conocido como Móvil, Celu, Aparatito con muchas teclas, etc. Desde que se inventaron los mensajes de texto (y, por ende, los celulares para realizar tal función), el idioma se ha visto brutalmente  ultrajado, humillado y mutilado. Lo peor es eso último: las nefastas mutilaciones a las que la gente somete a las palabras, cortándolas a la mitad, desangrando letras, haciendo experimentos frankensteinianos al cambiar unas letras por otras y coserlas al resto de lo que alguna vez fue una palabra, para formar una especie de monstruo del abecedario, un engendro amorfo y atormentado, que si pudiera hablar seguramente diría: "Por favor, mátame". O, mejor dicho: "X fvr mtme". Esta calamidad se acentúa gracias al límite de caracteres que tienen estos aparatos y al hecho de que si te extiendes demasiado en un mensaje, te cobran más. En resúmen, el ceular atenta contra el idioma por el lado que más le duele a la gente: el bolsillo. Si escribir bien significa pagar más, entonces... ¡a escribir mal se ha dicho!



Msn Messenger. El servicio de mensajería instantánea por excelencia. La rapidez con la que la gente quiere comunicarse, hace que los dedos parezcan saltearse letras en el teclado, o que ni siquiera se molesten en presionarlas. No es extraño ver un "ke" en lugar de "que", o "me boy a la kama" en lugar de "me voy a la cama". Lo llamativo es que, a diferencia del celular, el msn no tiene un límite de caracteres, ni cobra más por escribir un mensaje más extenso. Aún así, la gente prefiere aplicar las mismas reglas que con su teléfono. De esta manera podemos observar a individuos zombis tecleando con una rapidez increíble, vocablos que solamente un interlocutor zombi puede comprender.


Twitter. En realidad esto se hace extensivo a todas las redes sociales (las cuales se merecen una entrada a parte, para hablar largo y tendido), pero menciono Twitter, por su famoso límite de ciento cuarenta caracteres.  Es como si esta red social obligara a la gente a estupidizar el idioma. Como si fuera poco que todo el mundo crea que su vida es tan importante como para publicar cada cosa que hace/dice/piensa, desde frases supuestamente "filosóficas" que hablan de algún aspecto de la vida, hasta los problemas que tienen a la hora de mover el intestino, a eso hay que sumarle que sólo pueda expresarlo en ciento cuarenta letras escasas. O sea, no me malentiendan, no hay problema con que quieras decir que esta mañana te levantaste con ardor de estómago, fuiste al baño, soltaste una diarrea descomunal, que parecía que se te iban a salir los intestinos y el estómago incluidos,  y cuando estabas por tirar de la cadena, viste que los fideos con salsa blanca que comiste la noche anterior estaban a medio digerir y formaban la cara de Edgar Allan Poe. Pero si vas a decirlo ¡hazlo con todas las letras! ¡Haz que valga la pena detenerse a leerlo! Intentar resumir esa expresión en ciento cuarenta caracteres es simplemente criminal. 

Taringa. En Taringa podemos encontrar lo que sea: juegos, programas de toda clase, películas, libros, información de lo más variada y heterogénea. Desde recetas de cocina a tutoriales para aprender programación. El problema de Taringa no es tanto el contenido, sino la forma: la gente que escribe, ya sea posts o comentarios, tiene un nivel de lectoescritura tan bajo que resulta insultante. Es como si Taringa fuera el centro de reunión de la horda (cada vez más grande) de analfabetos de Internet, el sitio predilecto de los cultores del mensaje de texto, que escriben "aser" o "suvir", (por poner sólo dos ejemplos). Prácticamente no hago uso de Taringa. Tan sólo entro cuando no tengo más remedio para buscar algo que quiero/necesito. Debo decir que casi siempre encuentro lo que busco. Pero he tenido que pagar un precio muy alto, sometiendo a  mis pobres ojos a leer posts tan mal escritos que resultan dolorosos y comentarios infrahumanos, aún más dolorosos. Lo peor de todo es que el sitio parece no tener control alguno sobre estas cuestiones. Vale decir que también hay autores que intentan escribir de manera decorosa, respetando mínimamente las reglas ortográficas, de sintaxis y redacción. Pero lamentablemente, son una pequeña minoría.

La lista sigue y sigue. La tecnología está conspirando en nuestra contra. Si no hacemos algo para detenerla, pronto comenzaremos a hablar como escribimos y el Idioma Español habrá desaparecido por completo, suplantado por una versión retrasada, deforme y sórdida del mismo. Es sólo una advertencia. Podría continuar, pero tengo que enviarle un mensaje de texto a mi primo para preguntarle si fk eqwy fdmñ as q x nc.
¡Ast l proxma!

lunes, 22 de agosto de 2011

Comprobado: la tele me odia


No lo entiendo. Yo no le hice nada. ¿Por qué me trata así? Si me gustaba. Me caía bien. Antes, por lo menos. Pero de golpe algo pasó. se volvió mala. Agresiva. Violenta. Como si ya no me quisiera. Como si le hubiese hecho algo para que me odiara. Y no sé qué pudo ser. Primero fueron los programas. Se volvieron malos. Malos de verdad. Y después, las publicidades. Se volvieron peores... casi diabólicas. Cosa que tuve oportunidad de comprobar la semana pasada.

Prendo la tele, está puesto canal 10. Están transmitiendo el noticiero. Se van al corte. Empieza la propaganda. Aparecen tres mujeres en un baño, que podría ser un restorán o lugar público, hablando de los problemas que tienen para defecar. Se quejan de que lo llamen “tránsito lento” y prefieren llamarlo “estreñimiento”... Todo esto, mientras se maquillan frente al espejo. Luego dicen que van a hacer una obra de teatro sobre el tema. Si no entiendo mal, una obra de teatro protagonizada por tres mujeres que se paran en un escenario a hablar de los problemas que tienen para hacer sus necesidades fisiológicas. (Más tarde, me entero de que las entradas se agotan para la primera función).

Cambio de canal. Voy al 4 (a esa hora, afortunadamente, el inmundo noticiero  terminó y están pasando una telenovela no menos inmunda). Propaganda de una conocida marca de cerveza. Un tipo sentado en un sillón. Todo transcurre en cámara lenta, con una voz en off que va relatando lo que sucede usando un vocabulario ampuloso. Aparecen dos mujeres despampanantes, voluptuosas. Cada una se sienta en un brazo del sillón, con el tipo en el medio. Y empiezan a bambolear de un lado a otro sus enormes pechos. Por la cara del sujeto, parece que acaba de eyacular. Dato curioso: la voz en off del locutor (que por su tono, parece que también acaba de eyacular) menciona a las mujeres como “criaturas”. Qué tiene que ver beber cerveza con que dos mujeres se sienten en los brazos de un sillón a sacudir sus atributos... no lo sé.

Me levanto y voy a la cocina a buscar un poco de agua (pienso que también me gustaría tomarme un valium, pero lamentablemente no tengo). Vuelvo al sillón. Ahora hay otra publicidad, no menos espeluznante que la anterior.

El escenario es una ciudad sin nombre, al parecer la zona céntrica, la más transitada. Aparece un hombre maduro con una chica joven, casi una adolescente: su hija. Comienza a hablarle en tono confidencial de las cosas que ocurren a su alrededor. Le dice que preste especial atención a unos seres infrahumanos a los que denomina con un nombre que resulta prácticamente impronunciable para cualquier mortal: “workaholics”... o algo similar. El padre le describe estos seres a su hija, advirtiéndole lo peligrosos que son para una chica... Al parecer se trata de unas criaturas de escaso desarrollo intelectual, con un apetito sexual extremadamente elevado y una inclinación permanente a la autosatisfacción erótica, ya que rara vez pueden satisfacer sus deseos sexuales con el sexo opuesto. Pese a sus limitaciones intelectuales, estas criaturas adoptan estrategias de ataque muy hábiles para cazar hembras. Y lo más llamativo de todo es que a veces (sólo a veces) tienen éxito. Por esto, el padre advierte a la joven que tiene que ir con mucho cuidado. Pero todo es inútil. En un segundo de descuido del progenitor, la hija ha caído en las garras de uno de estos workaloquis... worakohics... worka... ¡como se diga! Al final, descubro que la publicidad es de una marca de chicles, lo cual me hunde en un pozo sin fondo de incertidumbre que hace que mi cerebro se retuerza de dolor como un gusano en un anzuelo.

Las manos me tiemblan, estoy echando espuma por la boca, pero aún así logro manotear el control remoto para cambiar de canal.

Paso a canal 12 (la verdad no sé por qué, tan sólo estoy haciendo zapping). Otra propaganda de bebida alcohólica, ahora de grapamiel. No, esta vez no se trata del clásico “Y pensar que me habían dicho”, aunque tiene una estética similar y el autor de la famosa frase (el Hombre de la Polera) tiene un papel protagónico. En esta ocasión se trata de una especie de parodia de concurso de televisión. Hay un jurado compuesto por tres personajes de la “farándula”. También hay un conductor o maestro de ceremonias. El conductor dice algo incomprensible que, gracias a Dios, mi mente ya no recuerda. Entonces hace su aparición el Hombre de la Polera. Parece a punto de decir algo sumamente importante. Los notables miembros del jurado ponen cara de circunstancia (en este punto me pregunto por qué no se dedicaron a la actuación). El Hombre de la Polera dice algo aún más incomprensible,  y entonces, de manera repentina, todo el mundo aplaude. Hasta aquí puede que haya cierta lógica. No mucha, claro, pero sólo una pizca, dentro del universo paranormal del mundo de la publicidad. Y entonces, de pronto, sin previo aviso, aparece un imitador del nefasto Samuel “Chiche” Gelblung. La máscara de goma que lleva este imitador parece haber sido expuesta recientemente a un calor extremo, porque está deformada, como derretida. Este falso “Chiche” está sentado en un sofá, mirando la televisión. Se escucha el sonido del concurso (la voz del conductor, del Hombre de la Polera, etc.), que él ha estado mirando. Tiene un vaso de grapamiel en la mano. Entonces dice algo que es todavía más incomprensible que lo que dijeron el conducto y el Hombre de la Polera, en referencia a la calidad de la bebida en cuestión.

Me duele la cabeza, la habitación da vueltas. Intento pensar, intento razonar, pero no lo consigo. Es como si las pautas publicitarias que acabo de ver hubiesen irradiado sus malignas y enfermizas ondas hacia mi cerebro y este estuviese a punto de estallar. Intento tomar el control para apagar, pero se me resbala de las manos, sudorosas y heladas, y se hace pedazos contra el suelo. Intento levantarme, pero me caigo de bruces. Aún así, logro arrastrarme hasta el televisor lo justo para pulsar el botón de apagado y hacerlo callar antes de que otra propaganda termine con lo poco que queda de mí, mientras me pregunto qué hice para merecer algo tan cruel.

Paso dos horas en el suelo del living, en la oscuridad, temblando, hasta que por fin creo tener fuerzas para levantarme e irme a la cama.

***

Es obvio. La Tele me odia. Creo que de ahora en adelante voy a tener una actitud bastante más cautelosa ante ella.

El aparto que hasta hace poco me pareciera inofensivo, que me entretenía, me informaba y hasta (que el Señor me proteja) me educaba, se ha vuelto tremendamente hostil y peligroso. Encenderlo es casi como poner la cabeza dentro de la boca de un león hambriento. Primero fueron los programas. Ahora, también las propagandas... por favor, ¿qué nos espera?

Sin embargo, me permito sin optimista: creo que mientras no pulse el botón de ON/OFF del control remoto o del televisor mismo, estaré bien. Mientras lo use únicamente para apoyar un florero encima, no habrá problema. O, al menos, eso espero.

domingo, 29 de mayo de 2011

El cochambre y sus virtudes

En estos tiempos modernos y despiadados que corren, siempre es bueno detenerse aunque sea un instante para cuidar nuestra salud, mente y organismo. Y para eso, no hay nada mejor que esa pasta negruzca y pegajosa que a muchos repugna, pero que guarda en su interior maravillosas propiedades terapéuticas, hasta ahora desconocidas por la mayor parte de la población: el cochambre.

El cochambre es una mezcla homogénea de grasa quemada, óxido de hierro, pelusa, polvo y otras delicias, que se forma y acumula en los hornos, debido al uso prolongado. Si no se limpia, puede llegar a provocar mal funcionamiento del aparato, ya sea atascando las bisagras de la puerta, bloqueando los orificios de salida del gas de la hornalla, o cubriendo la bombilla eléctrica de iluminación interna con que cuentan casi todos los hornos modernos. Es por ello que existen numerosos productos de limpieza que actúan agresivamente, "quemando" el cochambre y facilitando su remoción. Lamentablemente, estos productos corrosivos destruyen la pasta primordial, haciendo que pierda todas o gran parte de sus propiedades curativas. Es por ello que lo más indicado no es eliminar el cochambre, sino extraerlo de una manera amigable y almacenarlo. Según el Dr. Richard Mascotín de la Universidad de Pescadilla de Red, en Tucson, Nuevo México, la mejor manera de extraer el cochambre de los hornos es utilizando una servilleta de alambre de plástico sintético especializada en materiales no abrasivos como el dióxido de sodio y el permanganato de potasio. La servilleta debe aplicarse sobre el cúmulo de cochambre (cuyo nombre científico es cochambrus cumulus) y moverse suavemente en forma de círculo y en sentido horario. Esta operación debe realizarse hasta haber extraído TODO el cochambre que pueda haber en el horno.

Una vez extraído, se puede guardar en un frasco de plástico o cualquier otro material inerte, que no afecte las propiedades magnéticas de la sustancia. Lo importante es que debe almacernarse en frío, con una temperatura no mayor a los 10 ºC y, preferiblemente, al resguardo de la luz, las cucarachas y las esponjas de mar carnívoras. El Dr. Mascotín recomienda dejar incubando al cochambre por una semana, aproximadamente, para que sus propiedades crezcan de forma exponencial. Luego de pasados los siete días, el cochambre habrá adquirido una consistencia cremoso-gelatinosa y será apto para ser aplicado.

Sus principales propiedades son: cicatrizar heridas punzo-cortantes, aislar cables eléctricos, proteger térmicamente la cerámica, alisar la ropa después de lavarla, combatir el acné y el escorbuto, además de servir como anti oxidante para peces dorados y lombrices de tierra austríacas. También es un excelente acompañamiento para las comidas, como el carré de cerdo al cochambre, suprema de cochambre con arvejas, cochambre a las brasas con salsa de carbón y mucosidad de perro al horno con costra de cochambre crujiente. La mayoría de las recetas están disponibles en la red.

Actualmente se están realizando estudios bioquímicos en distintas universidades y laboratorios del mundo, para determinar si el cochambre, además, posee propiedades anti coagulantes del líquido cefalorraquídeo. Estaremos a la espera de las noticias.

sábado, 1 de enero de 2011

Paper Boy 2: Aventuras en el barrio


Es sencillamente maravilloso hasta dónde puede llegar la inventiva humana cuando se trata de crear un video juego. Se toma una idea sencilla (la de un muchacho o muchacha que tiene que repartir diarios por el barrio) y se le da un giro radical, convirtiéndola en una aventura apasionante.

El título del juego lo dice todo, hasta el objetivo mismo: Paperboy… o sea, el chico repartidor de periódicos, que, montado en su bicicleta, tiene la inconmensurable tarea de distribuir ejemplares de prensa escrita a cada residente del barrio. A simple vista, uno podría pensar que es una tarea sencilla. Montarse en la bicicleta, pasear por las calles e ir lanzando diarios enrollados a las puertas de las casas. ¡Pero no! A diferencia de lo que los profanos puedan pensar, repartir diarios (en este juego, al menos) no es una tarea fácil.

Para empezar, en nuestro camino nos iremos encontrando con un sinnúmero de obstáculos a sortear: niños malcriados que nos lanzan bolas de béisbol, manos monstruosas que salen de las alcantarillas para atraparnos, perros sueltos que se nos cruzan por el camino, conductores irresponsables, muertos vivientes y fantasmas del cementerio que aparecen para atacarnos, gárgolas que nos escupen fuego, etc. Y es que el barrio de Paperboy (o Papergirl, según elijamos) no es un barrio cualquiera. A lo largo de nuestro periplo nos iremos encontrando con toda una gama de extraños vecinos, que viven en casas aún más extrañas. Podremos pasar por delante de una fortaleza de piedra que nos dispara cañonazos apenas aparecemos, o delante de un taller en donde un mecánico bromista nos arroja ruedas desde la entrada de su garaje. ¡Es como si todo y todos conspiraran en nuestra contra para que no podamos ganarnos el pan de manera honesta! Pero, claro, también tenemos diversas oportunidades de hacer méritos para demostrarle a todo el mundo que somos buenos chicos y para amigarnos con las autoridades policiales, en general, bastante desconfiadas. Podemos salvar a un bebé que viaja en su carrito a toda velocidad por una pendiente o podemos detener a un malvado ladrón mientras asalta una estación de servicio con la ayuda de nuestros periódicos (nada como un buen golpe de periódico en la nuca para aplacar a cualquier delincuente). También podremos ir recogiendo periódicos por el camino, para que nuestra dotación no se acabe y así asegurarnos de que todos los vecinos recibirán su ejemplar.

Como si esto fuera poco, como si repartir diarios por el barrio no fuera lo suficientemente complicado, al final de cada nivel debemos enfrentar una pequeña prueba de obstáculos por los que debemos pasar con la bicicleta: rampas, pozos de agua, etc., hasta alcanzar la tan ansiada meta, en donde un diezmado y estático público nos estará aguardando para felicitarnos.

Pero si, por casualidad, estamos en un mal día o simplemente tenemos ganas de revelarnos contra el sistema y contra los hoscos vecinos cuyo cariño nos es imposible ganar por más que nos esforcemos, entonces podemos iniciar una ola de destrucción y vandalismo. Podemos arrojar periódicos contra las ventanas o contra macetas para romperlas, podemos arrojarlos contra los propios vecinos que se encuentran en el jardín, podando el césped, disfrutando de una tarde soleada junto a la piscina o sentados en la hamaca de su porche. Podemos darle un golpe al cerdo que uno de los vecinos está asando en la barbacoa para liberarlo y que salga corriendo, y podemos elegir no salvar al bebé o no detener al ladrón que asalta la gasolinera. Claro, esto podrá costarnos pasar de nivel o ganarnos el odio de los vecinos y la policía… pero es una buena manera de descargar las tensiones si no estamos de humor para ir entregando diarios con una sonrisa.

En definitiva, Paperboy 2 es un juego espléndido, mucho mejor que su predecesor, Paperboy (sobre todo en lo que a calidad gráfica se refiere), infernalmente entretenido, tanto si nuestro objetivo es pasar todos los niveles, como si es ir por las calles sembrando el caos a fuerza de utilizar diarios como proyectiles balísticos. ¡Imperdible!