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sábado, 13 de marzo de 2021

Solución completa de Billy Masters Was Right

¡Hola, amiguitos! Aquí estamos de nuevo con otra fantástica aventura. En esta ocasión no se trata de una aventura retro en el sentido estricto de la palabra, sino de un juego actual hecho con una hermosa estética que recuerda a los primeros títulos de Lucas Arts (sobre todo Maniac Mansion): Billy Masters Was Right, lanzado en 2020 por Postmodern Adventures, pequeño estudio español independiente que ya cuenta con tres aventuras en su haber.

En este juego encarnamos a Billy Masters, un adolescente de dieciséis años que ha sido severamente castigado por sus padres por hacer una fechoría en el colegio, de la que él asegura ser inocente. Durante su encierro y de manera casual, Billy descubrirá que sus vecinos podrían haber sido víctimas de un temible asesino en serie que ha estado merodeando por la ciudad, conocido como El Asesino de Ancianos. Sin nadie que le crea (ni sus padres ni la policía), Billy tendrá que apañárselas solo para salvar a sus vecinos y a la vez probar que lo que decía era cierto.



El juego es muy entretenido, con puzles en general simples (aunque hay alguno un tanto rebuscado) y, como mencioné al principio, una estética retro muy bien lograda que le da ese saborcillo especial que tienen las aventuras de los años ochenta. Los gráficos al estilo Maniac Mansion (personajes cabezones, grandes pixeles, colores vivos), están muy bien logrados. El único “problema” (necesito comillas más grandes) es que se trata de una aventura muy corta, que se puede resolver en unos treinta o cuarenta minutos. Se antoja más como una demo que como un juego entero, y sería fantástico si los muchachos de Postmodern pudieran extenderla y hacer un juego más largo y complejo en un futuro, porque la verdad es que me dejaron con ganas de más.


Por cierto, la aventura se puede descargar gratis de la página web de Postmodern Adventures, así que sugiero que no pierdan tiempo y la consigan ya. No se van a arrepentir.

Muy bien, sin más preámbulos, comencemos.

Empezamos encerrados en la habitación de Billy. Él está acostado en la cama, escuchando la radio. El locutor anuncia que la policía aún no tiene pistas sobre el paradero del misterioso asesino de ancianos que está aterrorizando al condado. Lo único que tienen las autoridades es la declaración de varios testigos que dicen haber visto una vieja camioneta Chevrolet Panel roja sin matrícula merodeando en los alrededores de las casas de las víctimas.

Billy se levantará y apagará la radio, harto de escuchar sobre el caso. En eso, su madre llama a la puerta. Tenemos trabajo que hacer. Pero antes abrimos el cajón central del escritorio, lo examinamos y recogemos el viejo catalejo que el abuelo de Billy le regaló para su onceavo cumpleaños. El lente está muy sucio y por ahora no nos va a servir. Luego recogemos la cámara de video que está en el estante de la pared. No tiene batería. Abrimos el armario. Recogemos la púa metálica (los padres de Billy le han quitado la guitarra, pero se olvidaron de la púa). Nos vamos.

Al bajar la escalera, llegaremos a la sala, donde nos encontraremos con el padre de Billy, sentado en el sofá con el diario. Luego de hablar brevemente con él (nos pedirá que llamemos al señor Brockman y al comisario Silverstone para pedirles disculpas), entramos en la cocina. Si intentamos entrar por la puerta cerrada que está junto a la planta, no podremos. Además, según papá, nuestras cosas no estarán allí.

En la cocina estará mamá, preparando la cena. Abrimos el refrigerador y recogemos el muslo de pollo (estará demasiado reseco para que Billy quiera comérselo). Luego examinamos el fregadero. Al parecer hay un anillo atascado en el desagüe. Le pertenece a la mamá de Billy, un regalo de su hermana Betty. Tendremos que venir por él más tarde. Recogemos la basura del cubo que está bajo la ventana (nuestra tarea pendiente era sacarla.)

De regreso a la sala, cruzamos hasta la puerta principal. Antes de irnos, revisamos el cuenco de cristal que hay sobre el mueble con cajones y recogemos el control remoto que abre la puerta del garaje. Salimos.

Afuera, abrimos el buzón. Dentro hay un sobre para el padre de Billy. Lo abrimos. Contiene una nota de disculpa (al parecer, el señor Masters no quedó conforme con la sierra que encargó) y una afilada sierra para serrucho.

Nos vamos hacia la derecha. Veremos a Arnold, el perro del señor Henderson, el vecino, masticando vorazmente un muñeco de plástico, el capitán Thunderball. Usamos el muslo de pollo con el perro que lo prefería al muñeco, el cual recogemos. Lo examinamos y extraemos la pila que lleva (se supone que es un muñeco parlante).

Luego vamos hacia la izquierda, pasando del buzón, donde está el cubo para tirar la basura. Y entonces… ¡zas! Veremos una vieja camioneta roja estacionada junto a la casa de sus vecinos, los Loomis, una pareja de ancianos profundamente religiosos. Una camioneta Chevrolet Panel del 54… ¡La misma marca y modelo que la del asesino de ancianos!

Billy volverá a la casa y tratará de convencer a sus padres de que el asesino está allí y que los Loomis corren peligro, pero será inútil. Ellos no le creerán. De la misma manera que no le creen que no era él quien estaba fumando marihuana en el baño de la escuela (por el contrario, trataba de evitar que un amigo lo hiciera) y que el profesor Brockman tiene fotos de niños en paños menores guardadas en una carpeta. Esa es la razón por la que Billy está castigado. Sus padres, el comisario, todo el mundo cree que miente, así que, ¿por qué iban a creerle esto también? Billy está solo. Aunque en realidad no: cuenta con nuestra ayuda.

Volvemos a salir. Por fin tiramos la basura (que todavía llevamos) en el bote. Al abrirlo, encontraremos una cajita de hilo dental en perfecto estado, la cual nos llevamos.

Volvemos a la casa de los Loomis, pero ¡oh, no!, la camioneta ya no estará allí. Ahora sí que no nos van a creer. Tendremos que investigar. Subimos al porche de los Loomis. Las ventanas están oscuras y no podemos ver nada. Llamamos a la puerta (Billy tocará el timbre) y entonces las luces se encenderán brevemente y luego volverán a apagarse. Ninguno de los Loomis responderá a nuestros llamados. Extraño. Bajamos y vamos por el lateral de la casa. Llegamos a la parte trasera, donde hay una trampilla cerrada con una cadena y un candado. También hay una caja de fusibles, una ventana polvorienta por la que no podremos ver y una manguera.

Volvemos a nuestra casa. Vamos al teléfono. Podemos llamar a Linus, el único amigo con el que los padres de Billy lo dejan hablar, al comisario Silverstone y al señor Brockman, con quien se supone nos tenemos que disculpar. Billy no llamará al pervertido de Brockman. Intentamos llamar al comisario, ya que lo que está ocurriendo es demasiado importante para no hacerlo. Sabiendo que Silverstone no le va a creer si sabe que es él, Billy tratará de fingir la voz y alertarlo sobre lo que está pasando en la casa de los Loomis… pero no resultará. Silverstone se dará cuenta en seguida de que es Billy y la llamada será inútil. Solo nos queda llamar a nuestro amigo Linus.

Luego de intercambiar unas palabras con él, (descubrimos sus extraños fetiches con la ropa interior de la señora Henderson), le pedimos que llame a la policía y le avise al comisario sobre la camioneta, pero se negará, alegando que podría meterse en problemas. Entonces le pedimos que nos preste su cámara de vídeo. Pero sus padres no lo dejarán. No le permiten acercase a Billy y mucho menos que Billy vaya a su casa. Linus no podrá esconder la cámara bajo su ropa porque su madre se daría cuenta. ¡Le compra la ropa dos talles más pequeña de lo que debería! ¿Y si nos arroja la cámara por la ventana? No, podría romperse. Entonces le pedimos que nos preste la batería, ya que su cámara es idéntica a la nuestra. Linus aceptará y luego de pensarlo un poco, se le ocurre una idea: decirle a su madre que va a salir a tomar un poco de aire y entonces nos dejará la batería en el plato de comida de Arnold. Pan comido.

Aprovechamos para ir a la cocina y hablar con mamá. ¿No tenía clase de tiro con arco hoy? Al parecer, la ha cancelado porque el profesor es muy joven y su marido se pone celoso. La madre de Billy es una experta tiradora con arco.

Volvemos a salir, revisamos el plato del perro, pero estará vacío. ¡Maldito Linus! Pero él si ha dejado la batería, lo que ocurre es que Larry, un bravucón con un turbio negocio, lo ha visto, y la ha tomado. Larry nos amenaza porque cree que le contamos a Silverstone sobre su “negocio”, ¡pero Billy no le ha dicho nada! Le exigimos que nos de la batería, aunque seguro que ahora la arroja al jardín de los Henderson… Solo que no tenía pensado hacer eso. Al final nos da la batería y se marcha avisándonos que nos tendrá vigilados. Maldito gilipollas.

Una vez que tenemos la batería, la colocamos en la cámara. Luego examinamos el control remoto de la puerta del garaje. La tapa de la batería tiene un minúsculo tornillo. Usamos la púa metálica con el control remoto, sacando el tornillo. Usamos la pila que sacamos del muñeco del Capitán Thunderball en el control. ¡Perfecto, ya tiene pila! Usamos el control con la puerta del garaje. Se abre y veremos el coche de la familia y al lado un panel de herramientas. Con el coche no podemos hacer nada. Recogemos lo único que hay en el panel: un mango para serrucho. Usamos el mango con la hoja de sierra que llegó por correo. Ahora tenemos una herramienta que podemos usar.

Volvemos a la parte trasera de la casa de los Loomis. Usamos el serrucho con la cadena de la trampilla. ¡Funcionó! Pero entonces alguien nos interrumpe. ¡El señor Gilligan! Ese viejo chismoso. Ha visto lo que hacíamos. Piensa que vamos a entrar a robar a los pobres Loomis. Billy se hartará de que todo el mundo lo juzgue, lo señale y no le crea, así que le gritará unas cuantas verdades a Gilligan. Él dice que iba a hablar con nuestros padres, pero que mejor llama a la policía. ¡Perfecto! Que la llame. Nos haría un gran favor. Cuando se marche (gilipollas), volvemos a la parte trasera de la casa.

Bajamos por la trampilla. Estamos en el sótano de los Loomis. El piso está mojado y cubierto de óxido. Hay unas marcas como de arrastre que llevan a una puerta al fondo. Intentamos abrirla, pero está cerrada con llave. Revisamos la estantería llena de cosas viejas. La mayoría de ellas no nos servirán. De la caja de herramientas extraemos un destornillador (la única herramienta que no está cubierta de óxido) y luego revisamos la vieja maleta que hay en el estante más alto. Parece que no tiene nada, pero… ¡auch! Encontramos un anzuelo de pesca. Nos lo llevamos. Revisamos el cesto de ropa que hay sobre la lavadora. Encontramos un trapo limpio. Luego, examinamos los productos de limpieza que hay en el suelo, al lado del aparato. Encontramos una botella de salfumán. Usamos el producto en el trapo, mojándolo. Luego, aplicamos un poco más de líquido en el catalejo (tenemos que hacerlo porque tienen tanta mugre que usar el trapo solo no resultará). Finalmente usamos el trapo con el catalejo y lo dejamos completamente limpio y reluciente.

Subimos la escalera. Llegamos al salón de los Loomis, donde veremos a una anciana sentada en el sofá frente al televisor hablando sola, repitiendo todo el tiempo “¿Eres feliz? ¿Eres feliz?”. ¡Esa no es la señora Loomis! ¿Acaso el asesino de ancianos es una anciana? Algo no cuadra. La vieja parece completamente loca, así que será mejor andar con cuidado para que no nos vea. Si intentamos recoger la llave que hay colgada en la pared, la vieja podrá alertarse, así que es mejor no hacerlo Usamos el catalejo con el teléfono. Veremos el número de los Loomis anotado en el disco. Billy lo memorizará. Luego usamos la cámara con la anciana. Billy la grabará, pero no será prueba suficiente para que le crean. Necesitamos evidencia más contundente. Volvemos a bajar al sótano y salimos subiendo por la trampilla.

Regresamos a casa. Hablamos con papá sobre la extraña mujer en la casa de los Loomis, pero por supuesto no nos creerá (qué sorpresa). Vamos a la cocina, hablamos con mamá, pero el resultado será el mismo.

Usamos el hilo dental con el anzuelo, formando una improvisada caña de pescar. Usamos el hilo con el fregadero y así recogemos el anillo que hay en el desagüe. Mamá nos dejará quedarnos con él. Al fin y al cabo no es el anillo de compromiso y además parece que es de cobre.

De vuelta a lo de los Loomis. Usamos el destornillador con la caja de fusibles. Al abrirla, veremos que uno de los cables está roto. Usamos el anillo para repararlo, uniendo los dos extremos.

Volvemos a nuestra casa y llamamos por teléfono a Linus. Le pedimos que llame a la casa de los Loomis. Le decimos que cuando la anciana lo atienda, la mantenga al teléfono todo el tiempo que pueda. Si cuelga, que vuelva a llamar. Le diremos el número que hemos memorizado. A Linus le costará, pero al final lo retendrá. El plan es que se asome a la ventana, nos vea entrar al sótano de los Loomis, espere unos minutos y luego llame. Pan comido.

Regresamos a la casa de los Loomis y subimos a la sala. Esperamos a que Linus llame. El teléfono empezará a sonar, pero al principio la vieja no responderá. ¡Maldita sea! Pero al final se levantará y atenderá la llamada. ("¿Eres feliz?") Aprovechamos el momento de distracción y rápidamente recogemos la llave de la pared.

Bajamos de nuevo al sótano. Usamos la llave con la puerta cerrada y entramos. Estaremos en una habitación a oscuras, así que accionamos el interruptor de la pared, que está junto a la puerta.

Cuando se haga la luz (gracias a que reparamos el cable de la caja de fusibles) ¡veremos a los Loomis atados y amordazados en el suelo! ¡Están vivos! Al menos todavía.

En ese momento, escucharemos algo: el ruido de una puerta y la voz de otra persona que llega a la casa y empieza a hablar con la anciana. Oh-oh…

Billy sale de la habitación, no sin antes filmar a los Loomis unos segundos con la cámara, para tener más evidencia. Cuando sale del sótano, el recién llegado aparece en lo alto de la escalera y empieza a bajar. Billy regresa a la habitación y se oculta detrás del muro que hay a la derecha. Entonces, el temible asesino de ancianos, enmascarado y blandiendo un cuchillo, aparecerá. Sabe que hay alguien más en la casa. ¿Después de todo, quien abrió la puerta y reparó la luz? El asesino empezará a mortificar a los Loomis, decidiendo qué parte va a cortarles primero. ¿La cabeza? ¿Las manos?

Tenemos que darnos prisa. Usamos la botella de salfumán con el asesino (esto es lo último que tenemos que hacer, lo que queda de la aventura es solo animación).

Billy saldrá de su escondite y le rociará la cara al enmascarado. Luego saldrá corriendo del sótano.

Regresará a su casa, donde sus padres lo esperan para cenar. Billy le contará a su padre lo ocurrido, pero este, para variar no le creerá. Entonces, alguien tocará el timbre. ¡Es la anciana desquiciada! Irrumpirá en la casa cuando el padre de Billy abra la puerta y acto seguido aparecerá su hijo el asesino. Luego de una pequeña discusión, la madre del asesino caerá abatida con un cuhillo clavado en la cara. ¡La madre de Billy ha entrado en acción! Por algo es campeona de tiro con arco. Y el cuchillo no se le da nada mal. Cuando el asesino vea a su madre muerta y entre en cólera, aparecerá Harry, el ayudante del comisario, que ha llegado gracias a que el señor Gilligan ha llamado a la policía como nos había dicho. Ha venido a arrestar a Billy por allanamiento de morada, pero al entrar en la casa se llevará una gran sorpresa que terminará con unos cuantos disparos.

Un rato más tarde veremos a la familia Masters frente a la comisaría. Al parecer los Loomis están bien. Asustados, pero bien. Presenciaremos cómo los padres de Billy le dedican una sincera disculpa por no haberle creído y por haber sido tan duros con él. Billy siempre dijo la verdad. Incluso en lo concerniente al desagradable profesor Brockman. Papá entrará de nuevo en la comisaría para hablar de este asunto con el comisario. A fin de cuentas, Billy Masters tenía razón.

Bien amiguitos, si han llegado hasta aquí, es porque han terminado la aventura. Espero que se hayan divertido tanto como yo y que esta guía les haya sido de utilidad.

¡Hasta la próxima!

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