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lunes, 19 de abril de 2010

FPS: Todo un género

Los juegos del género FPS (First Person Shoot en inglés) o DPP (Disparos en Primera Persona en español), fueron de los más aclamados durante la década del noventa y marcaron un cambio radical en el jugador. Si antes este era una persona más bien reflexiva, calma, que disfrutaba con los juegos de ingenio que se resolvían con el uso de la mente y las aventuras gráficas de Lucas Arts o Sierra, gracias a los juegos FPS, comenzó a volcar su interés en otros aspectos más vulgares y carnales, como la extrema violencia, los disparos, las explosiones, los monstruos horripilantes y hasta el sexo.

Allá por 1992 (luego del exitoso lanzamiento del juego de plataforma Commander Keen) la texana ID Software lanzó al mercado un juego llamativo tanto por su interfaz como por su temática: Wolfestein 3D, un singular juego ambientado durante la Segunda Guerra Mundial en el que encarnamos al espía norteamericano B. J. Blazkowicz, cuya misión es, ni más ni menos, asesinar a Adolf Hitler y a todos sus terroríficos secuaces, avanzando por un sinfín de laberínticos corredores. Wolfestein 3D fue uno de los primeros juegos en venir con un aviso para padres advirtiendo de su contenido violento y fue prohibido para menores de trece años. Y es que, para la época, los gráficos eran extremadamente explícitos y el desarrollo extremadamente violento. Había que ir avanzando por los pasillos, disparándole a mansalva a cualquiera que se nos cruzara en el camino. Y cuando matábamos a algún soldado nazi, veíamos como la sangre saltaba por los aires y el cuerpo acribillado se desplomaba en el suelo como una bolsa de papas. Claro, eran renders en dos dimensiones colocados en un entorno en tercera dimensión, por lo que se producía un contraste no muy convincente (sobre todo cuando los cadáveres caían al piso), pero aún así era muy realista. Y lo más realista de todo: el jugar nunca ve al protagonista, no lo ve como en los juegos de Super Mario, o sea, no ve a un muñequito que se mueve, salta y corre por la pantalla en dos dimensiones. En Wolfestein 3D nosotros somos los protagonistas, lo vemos todo a través de sus ojos, como si nosotros mismos fuéramos los que están avanzando por esos corredores atestados de nazis que pueden saltar de cada esquina. Lo único que vemos es la punta del cañón del arma y los enemigos que van apareciendo. Podemos dar giros de trescientos sesenta grados en un entorno 3D y no perder perspectiva Sin duda, un realismo que rayaba lo extremo (para la época, claro).

Un año más tarde, en 1993, ID lanzó su nueva obra maestra y quizá la mejor, que hizo que Wolfestein pareciera el protector de pantalla de laberinto de Windows 98: Doom, un juego de ciencia ficción y terror, ambientado en un futuro apocalíptico. En este juego, no debíamos matar nazis, sino demonios y monstruos horrorosos salidos de una dimensión desconocida abierta por accidente por un grupo de descuidados científicos en una estación espacial. En Doom, encarnamos a un marine del ejército de los Estados Unidos (más bien un mercenario) que tiene que encargarse de erradicar la amenaza diabólica a través de un sinfín de niveles. Doom superaba a Wolfestein 3D en todo. Era más violento, más explícito, con mejores gráficos y sonidos y con una atmósfera mucho más agobiante. Mientras en Wolfestein avanzábamos por corredores totalmente iluminados, con texturas apenas logradas, en Doom nos encontramos en un ambiente lóbrego, casi totalmente oscuro, lleno de sombras en las que se ocultan los temidos demonios. Aparte de todo esto, contamos con una música acorde: una especie de heavy metal denso, pesado, y a veces frenético, que por momentos logra ponernos los pelos de punta. Los monstruos están muy bien creados y los rugidos y sonidos guturales que producen son muy convincentes. Las armas que podemos elegir (y que vamos recogiendo a lo largo del juego) son muy numerosas, cada una con distintos grados de letalidad. Comenzamos con una pistola automática (al igual que en Wofestein) y al final podemos usar un rifle de plasma muy destructivo, pasando por un lanza cohetes y hasta por una motosierra (cualquiera que haya jugado Doom, sabe lo placentero que es descuartizar unos cuantos monstruos con la motosierra, al mejor estilo Jason Vorhees).

Luego de la exitosa salida de Doom, ID, en colaboración con Raven Software, lanzó otros títulos menos populares al mercado como Heretic y Hexen: beyond Heretic, aventuras FPS de corte místico, con cierto aire a El Señor de los Anillos, ambientadas en un mundo de fantasía, en las que debíamos aniquilar demonios con varas mágicas, pociones explosivas y libros de hechizos. En estos juegos, la novedad era que podíamos elegir uno de entre tres jugadores: un mago, un clérigo y un guerrero (sin duda el mejor de los tres), cada uno con ciertas habilidades especiales.

Podríamos decir que ID alcanzó la cúspide con el lanzamiento de Quake, en 1996, un juego que en sí mismo constituye toda una revolución para los FPS. A diferencia de sus predecesores, Quake presentaba un entorno enteramente en tercera dimensión. No sólo los escenarios, sino que además los personajes estaban hechos con gráficos 3D, no eran simples sprites en dos dimensiones a los que sólo podíamos verles una cara, por lo que aún al día de hoy se lo considera uno de los FPS más realistas jamás realizados.

Todo iba bien para los muchachos de ID, pero ellos no eran los únicos que se dedicaban a crear juegos de disparos en primera persona cada vez más violentos y realistas. El mismo año del lanzamiento del Quake, 1996, 3D Realms, lanzó al mercado nada más y nada menos que Duke Nukem 3D, reflotando un viejo título de la Apogee Software. En DN3D, representamos el papel del mismo Duke Nukem, quién, tras regresar a La Tierra después de una dura misión, descubre que su querida ciudad, Los Ángeles, ha sido atacada por extraños alienígenas. Por lo tanto, su nueva misión será... ¡adivinen! Duke Nukem 3D llegó al mercado de FPS que parecía copado por ID, trayendo unas cuantas novedades. Tal vez no en cuanto a los gráficos (seguimos con fondos en tercera dimensión y personajes en dos dimensiones), pero sí en cuanto a la temática propia del juego, a la presentación del personaje y a las grandes dosis de humor localista y hasta políticamente incorrecto. Con todo respeto por las creaciones de los chicos de ID Software, me atrevería a decir que Duke es el protagonista de un juego de FPS con más personalidad de la historia. Porque no solamente grita cuando le disparan o lo lastiman, sino que suele soltar frases lapidarias cuando está a punto de comenzar una misión, o cuando logra realizar una proeza durante una partida. Así, por ejemplo, podemos escucharlo decir: “Nobody steals our chicks ... and lives” (Nadie se roba a nuestras chicas... y vive) o “Hail to the king, baby” (Saluda al rey, nena), cuando hace volar en mil pedazos a una horda de extraterrestres, o mi favorita: “I ain't afraid of no quake” (No le temo a los temblores), haciendo alusión directa a su rival de la ID. Además de todo esto, DN3D causó controversia por su contenido adulto (para muchos machista, lo cual puede ser cierto) además de la acostumbrada violencia, en este caso bastante más extrema (con ciertas armas, podemos hacer volar en pedazos literalmente a nuestros enemigos). Así, a lo largo del juego podemos ver a bailarinas de clubes nudistas a las cuales podemos ofrecerles dinero para que nos enseñen sus “talentos”, admirar los afiches de mujeres en traje de baño que hay pegados por todas partes o presenciar proyecciones de películas condicionadas en el interior de un cine porno. Como si esto fuera poco, el juego tiene un ingrediente especial que a mucha gente podría parecerle moralmente cuestionable, sobre todo a los deportistas: el hecho de que Duke pueda consumir esteroides durante una partida para recuperar fuerzas y tener más energía. Pero aparte de todo este polémico contenido, Duke Nukem 3D tiene algunas ventajas respecto de sus antecesores de la ID, como una mayor libertad de movimiento. A diferencia de lo que ocurría en Doom, en donde solamente podíamos avanzar y correr, Duke puede saltar, nadar bajo el agua y hasta volar, siempre y cuando consiga el jet pack que hay escondido por ahí. Por supuesto, esto implica que muchos de sus niveles tengan un poco más de dificultad, sean más largos y difíciles de resolver. No se puede negar el éxito que tuvo este juego en su época y el que aún tiene por haber cosechado miles de seguidores, como ocurrió con Doom en su momento.

Para terminar este artículo seudo analítico y como mera curiosidad, me gustaría mencionar un juego lanzado en 1996 por cierta empresa llamada Capstone, que utilizó el motor 3D de la 3D Realms: Witchaven, un juego medieval de fantasía y terror en el que encarnamos a un guerrero que debe derrotar a una horda de demonios. Muy al estilo Heretic, pero con mejores gráficos y la opción de jugar sin gore ni sangre si nuestro estómago es muy sensible. Podría seguir mencionando juegos y más juegos, pero la lista es interminable.

Sí, FPS, es sin duda un género entrañable, que tuvo su nacimiento y apogeo en la década pasada y que, sin duda, logrará alcanzar la inmortalidad, a pesar del paso del tiempo.

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