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martes, 3 de noviembre de 2009

Análisis musical

MI POLLERA AMARILLA
Letra: Gladis, La Bomba Tucumana.
Análisis: Dr. Aníbal J. Membrillo. (Genetista / repostero)

Negrito cuando yo bailo
si bailo de noche y
día a todos los vuelvo locos
con mi pollera amarilla
Negrita cuando tú bailas
si bailas de noche y día
a todos nos vuelves locos
con tu pollera amarilla

Esta es probablemente la creación artística más sublime de la historia humana. Creación que es casi imposible igualar y mucho menos superar.
En la primera estrofa, escrita de manera que sólo puedo describir como angelical, por lo perfecto, nos encontramos con un coloquio entre dos seres indefinidos (una especie de emulación de “El coloquio de Monos y Una”, de Edgar Alan Poe), pero que se denominan uno a otro como “negrito” y “negrita”. Si pudiésemos trazar un paralelismo con la obra de Poe, conseguiríamos interpretar que “Negrito” es Monos y “Negrita” Una, dos seres purgados del tiempo y del espacio, despojados del cuerpo, de lo tangible, de todo lo material. Tan sólo dos almas, tan sólo dos voces comunicándose una con otra, estableciendo una relación verbal mutua que alcanza cotas lingüísticas de nivel cósmico.
El diálogo empieza cuando el ser incorpóreo femenino le comunica a su par masculino que pasa las veinticuatro horas del día realizando una danza tribal de extrema complejidad, que cautiva a cualquiera que la contemple, ya que el ser femenino posee un aditamento especial que la hace especialmente llamativa: una prenda de indumentaria de color áureo que por su descripción es algo que se utiliza rodeando la cintura.
Inmediatamente después, el ser masculino repite de manera exacta lo que el ser femenino acaba de comunicarle, con lo cual el grado de inteligencia del diálogo alcanza su cúspide máxima. De esta manera, podemos deducir que el ser masculino o bien está en un plano intelectual bastante superior de lo que habíamos creído en un principio y no puede hacer otra cosa que balbucear de manera mecánica todo lo que se le dice, o es que el diálogo en sí se encuentra en ese plano intelectual bastante superior de lo que habíamos creído y el ser no tiene más remedio que doblegarse a él para no quedar rezagado ante la magnificencia de las palabras que lo componen.

A todos los vuelvo loco ay mamá (con tu pollera amarilla)
A todos los vuelvo loco ay mamá (con tu pollera amarilla)
Al negro lo vuelvo loco ay mamá (con tu pollera amarilla)
Al negro lo vuelvo loco ay mamá (con tu pollera amarilla)

Aquí nos hallamos con la estrofa medular de esta refulgente composición poética, lo que podríamos denominar como “estribillo”. Consta de cuatro versos endecasílabos, rematado cada uno con un versículo extra, colocado entre paréntesis curvos para diferenciarlo de la estrofa propiamente dicha. A juzgar por su contenido, los versos son pronunciados por el ser femenino, mientras que el ser masculino enuncia, al final de cada uno, el versículo entre paréntesis, que se repite de manera idéntica en las cuatro oportunidades.
Lo llamativo de esta estrofa es la composición de vocablos de la misma, en donde se fusionan de manera nada menos que exquisita la pluralidad con la singularidad. Esto queda demostrado, por ejemplo, en los dos primeros versos que dicen “A todos los vuelvo loco...”. “Todos” (en plural) y “loco” (en singular) se unen en un abrazo sublime para transportarnos a los mismos confines de la inventiva humana. Otro aspecto igualmente llamativo son los versículos que se encuentran al final de cada verso, que repiten la misma idea con incansable insistencia, lo cual podría deberse al plano intelectual en el que se encuentran los seres que entablan el diálogo.

Un pasito para acá un pasito para allá moviendo mi cintura
moviendo sin parar
Un pasito para acá un pasito para allá moviendo mi cintura
moviendo sin parar

Ya en la estrofa final de este poema épico únicamente comparable con las composiciones de Homero o de Sófocles, vemos una descripción excelsa de la danza que el ser femenino realizaba al principio del poema, aunque podríamos encontrar una nota de indecisión en sus movimientos, ya que primero dice que quiere moverse en una dirección, para luego moverse en la otra, o tal vez en ambas direcciones al mismo tiempo. Luego, termina cada movimiento con una sacudida de la zona pélvica, sin que sepamos de manera exacta en qué dirección. Como conclusión, podríamos inferir que el ser femenino no es consciente de sus propios movimientos, lo que puede deberse a que está teniendo un ataque de epilepsia o que padece de un severo trastorno de las funciones motoras (lo cual queda remarcado por la repetición del verso en el que expresa sus movimientos). Un estudio reciente ha demostrado que las probabilidades de la segunda opción son considerablemente más elevadas que las de la primera, aunque el entramado de teorías es casi infinito.


NOTA: Gracias Mane, por haberme dado la brillante idea para este análisis. :-)

1 comentario:

Mane dijo...

fede, la verdad una obra maestra.....es increible a donde puede llegar la mente humana, para crear esta obra de arte puro.
La verdad demore en entrar porque los del adsl no me venian a arreglar el aparatito (modem)luego de llamar y decir que era un problema del modem aunque ellos me hicieron conectar y desconectar en todas las formas posibles para luego concluir que debia venir un tecnico, lo cual me dejo pensando..........la que me atendio de adsl sera nada mas y nada menos que el person. femenino de esta obra o tal vez la propia autora......
besoteeeee
me encanto ell analisis
voy a pensar cual sera mi proximo pedido
besoteeee